Chiquito, como se lo conoció en el fútbol local, jugó en Unión, San Martín, Sanidad, Mitre, Cerrillos, Famaillá (Tucumán), San Isidro (Cafayate), Huracán Las Heras (Mendoza), Unión Central (Bolivia), Juventud y Zapla. De la noche a la mañana no se supo más de él. Pintaba para crack.

¿Cuánto tiempo hace que dejaste de jugar al fútbol?
Tres años y medio, me dediqué a trabajar. Más que nada fue por la familia, hay que darle de comer y el fútbol no era algo seguro, había que esperar para cobrar, tenía que andar detrás de algunos dirigentes peleando por la plata. Eso me cansó.

En el Anual marcabas la diferencia; en Juventud no cumpliste con las expectativas, ¿qué te faltó?
Lo mejor que pudo haber pasado fue ir a Juventud. Cuando llegué la preparación física que tenía del Anual era totalmente diferente, mi objetivo era prepararme bien, pero siempre tuve problemas por la lesión que me impedía estar al ciento por ciento. Y cuando estuve muy bien físicamente llegó Pedro Monzón y me dijo que no me tendría en cuenta porque lo traía a (Maximiliano) Antonelli. Le dije que me quería quedar a pelear un puesto y no me quiso dar la oportunidad.

¿Cómo llegaste a Juventud?
De Argentino B pasé a jugar un Argentino A. Me llevó el Sapo Coleoni, jugué cuatro partidos hasta que me lesioné, después me equivoqué y de ser el segundo delantero, atrás del Tanque Arrigo, quedé cuarto.

¿En qué te equivocaste?
Estaba lesionado y me fui a bailar, me vieron y le contaron a Coleoni. Me dijo que haga las cosas bien pero son momentos, somos personas y tenemos algún derecho de salir. Creo que me jugó en contra por ser jugador de Salta más que nada. Si las cosas pasan es por algo. Hoy tengo mi familia y trabajo.
Pero aprendí con los años que los dirigentes no le dan la posibilidad a los jugadores salteños y cuando tienen la oportunidad no están preparados. El 50 % es culpa de los jugadores.
Cuando el jugador no tiene oportunidad, busca jugar afuera. Hay muchos que sobresalen como el Rata Zelaya. En el caso mío me faltó suerte. Unión también tuvo parte de la culpa, no me quisieron dar el pase a los 22 años y llegué a Juventud con 26, ya era grande.

¿Te acordás cuál fue el gol más lindo que convertiste?
Jugando para Unión, a Central Norte, le pegué de fuera del área grande y de zurda. El arquero era Pablo Ramos.

¿Cuál es tu presente?
Por la mañana trabajo en la farmacia del Hospital San Bernardo y por la tarde en un escuela de fútbol. Trato de enseñarle a los chicos lo que aprendí jugando al fútbol, es una contención para ellos. Trabajo con chicos de 7 a 14 años. No tienen la oportunidad de ir a un club, por eso trato de enseñarle lo básico del fútbol. Lo hago con muchas ganas, el fútbol es lo que más amo.

¿Qué es lo que más extrañás del fútbol?
Estar dentro de una cancha con mucha gente, que te insulten y alienten. Estar en una concentración y charlar con mis compañeros, también sentir esa adrenalina cuando convertía un gol. Era hermoso.

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