Luego de soportar con una sonrisa las críticas por las pobres actuaciones de Chile durante el inicio de su era y el debut en la Copa América Centenario, Juan Antonio Pizzi acalló muchas voces y dio a conocer ante México su propia versión de la "Roja mecánica".
La paliza 7-0 al tri el sábado por la noche, con momentos de verdadera exhibición futbolística del campeón reinante, superaron incluso grandes actuaciones de la triunfal era de Jorge Sampaoli, antecesor de Pizzi hasta principios de año.
"No es fácil ser el entrenador de un equipo que logra plasmar en la cancha una superioridad como la que conseguimos ante un rival de primerísimo nivel en una instancia decisiva", dijo Pizzi a la prensa en el Levis Stadium de Santa Clara.
Si la sensación era de "felicidad" por lo visto en el campo de juego, Pizzi eligió también la palabra "tranquilidad" para definir el especial momento que vivió luego de verse sometido al escrutinio y las dudas de la prensa y la afición.
Es que los resultados no acompañaron durante el inicio de su proceso, con cuatro derrotas en cinco partidos, demasiado para un país que se había acostumbrado a ganar.
Con las victorias ante Bolivia y Panamá y el pase a cuartos de final, Pizzi y su Roja parecieron liberarse de los fantasmas de Sampaoli, una fuerza invisible que sin quererlo condiciona al nuevo entrenador.
"La idea es no alejarnos demasiado de lo que venía haciendo el equipo. Los jugadores tienen asimilados conceptos muy claros", explicó por enésima vez en la víspera del choque con México, un verdadero partido visagra para él.
La presión que traía Pizzi debería disiparse notablemente con el pase a semifinales, que ratifica a la Roja al máximo nivel en América, y ahora todo lo que venga, desde el encuentro con Colombia el miércoles, no hará más que sumar.

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