Claros y oscuros pintan la foja de servicio de director técnico de Alfredo Víctor Riggio, quien hoy tiene la dura misión de enderezar el barco de Juventud Antoniana. Pavada de misión para un DT que, pese a poder no gustar, nunca le esquivó el bulto a las difíciles.
El Tano supo cosechar a lo largo de una extensa carrera como DT más éxitos deportivos que fracasos, tanto en la provincia como en otros rincones del país, pese a que, en una atmósfera resultadista como la que supo castigar a Salta en la última década, sus intentos fallidos de ascenso supieron ser más recordados que aquellos éxitos no condecorados. Aunque el futbolero con memoria tampoco olvida las campañas que realizó este cabulero amante del estilo Marcelo Bielsa en Gimnasia y Tiro y que en dos oportunidades lo dejaron a las puertas de un ascenso, fogueando, paralelamente, a una camada de joyas apreciables que hoy recogen frutos individuales en otras pampas (Ivo Chaves en Córdoba y Esteban Burgos en Mendoza). Claro, a las puertas entiéndase como fracaso en un medio local exigente, complicado, desencantado y en el que solo la rúbrica legal de un logro oficial suele juzgar por sí sola los méritos de un entrenador y hasta su capacidad.
Calentón, sanguíneo, “loco”, obsesivo, vehemente a la hora de trabajar y declarar, el Tano, quien mañana habrá logrado dirigir a los tres clubes más convocantes de la provincia, genera en el hincha salteño amores y odios en proporciones equilibradas. Puede ser amado u odiado, pero nunca pasa desapercibido. Ni en los momentos más dulces ni en las situaciones más controvertidas o polémicas. Por sus culpas en una fría tarde de abril de 2007, en la cual quedó manchado el fútbol (el vergonzoso partido del soborno entre Central Norte y 9 de Julio de Rafaela) supo pagar en los fríos estrados afistas una dura condena que le impidió dirigir desde el banco por más de tres años. Sin embargo, por aquella mancha aún tiene en vigencia una condena social de hinchas antonianos que desde el vamos lo resisten.
Tras aquellas traumáticas experiencias en el cuervo -renunció a su tercer ciclo para emigrar a Ecuador en 2008-, Riggio tuvo su revancha para volver a ganarse el respeto. Arribó a la Vicente López tras la partida de Miguel Rodríguez ese mismo año y en dos temporadas estuvo muy cerca de devolver a albo al Argentino A, hasta que se marchó en 2010 sin lograr su cometido. Dos años después, retornó al millonario para armar un equipazo que supo abrochar siete victorias al hilo y peleó hasta las últimas instancias.
Y tras no encontrarle la vuelta al equipo en el torneo siguiente, Riggio, a quien le costó mucho mantener consenso y aceptación entre los hinchas del albo, se marchó, otra vez, con las manos vacías de Salta para alcanzar la gloria en Santiago del Estero, allí donde cambió insultos y pintadas por agradecimientos, con el ascenso a la B Nacional de Central Córdoba.
Hoy el Tano vuelve para encontrar en Juventud el ascenso que siempre se le negó en su provincia.

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