Juventud Antoniana tiene jerarquía: sí. Es un equipo serio, que sabe muy bien a qué juega y cómo lo debe hacer. Este santo del Beto Pascutti hace rato pegó la chapa de candidato en el estadio Fray Honorato Pistoia. Juega como un grande. Nunca se achica. Tiene carácter y jugadores con una jerarquía que hoy pocos tienen. Además le pasó el trapo a todos. No perdió ningún clásico (Gimnasia y Tiro y San Martín de Tucumán) y a esto se le suma que cuenta con un capitán de lujo: Juan Pablo Cárdenas. El Chango jugó otra vez un gran partido. Le dio salida limpia desde atrás al equipo, nunca rifó la pelota y siempre buscó al compañero mejor posicionado. Desde él se construye esta sólida base llamada Juventud Antoniana que el Beto Pascutti diseñó con una ingeniería casi perfecta. Al Chango además lo acompañan el Arenero López (lejos el mejor refuerzo del santo esta temporada), la calidad de Matías Ceballos, y el olfato goleador de Gustavo Balvorín, aunque este último en el clásico apenas jugó unos minutos, pero el Rín Rín es el goleador del Federal A.

Estos condimentos hacen que el santo forme una columna vertebral sin fisuras es que todo entrenador busca desde un principio para su equipo. A esto se le agrega que Pascutti mira al banco y cuenta con Pascutti, Marcos Navarro, Pérez Tarifa, Julio Marchant, Edgardo Galíndez, nombres que pasaron por la B Nacional o por la Primera División. Cosa que otros equipos, salvo Talleres de Córdoba, se pueden dar el lujo hoy de contar.

Juventud Antoniana sabe que todavía puede dar mucho más, que no llegó a su techo, que puede aspirar a un ascenso porque cuenta con una estructura sólida como equipo, claro que dentro de dos semanas se viene la fase más dura, pero el santo llega con una moral y un estado de anímico inquebrantable, y sabiendo que sus números hoy meten miedo hasta al mismísimo Talleres de Córdoba.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial



Comentá esta noticia