En el monumento a la bandera de Rosario flamea con fuerza la celeste y blanca por el soplido que llega del río Paraná, a pocos metros. Cerca de las 14.30, una enseña más chica que viaja en la moto número 47 hace lo mismo. El conductor saluda y es ovacionado; se trata nada menos que de Kevin Benavides, el nuevo emblema argentino en motos, cuarto en la general del rally Dakar y segundo ayer, en la última etapa.
En la ciudad del Che Guevara, Alberto Olmedo y el Negro Fontanarrosa, Benavides se trepó al podio de los mejores en su primer Dakar, con 27 años cumplidos hace una semana y fue recibido como un rosarino más. Nunca nadie había logrado semejante ubicación final en la competencia más dura del mundo.
Al llegar al podio, el presentador oficial lo recibió y lo presentó al público. Kevin agradeció y dijo: "La verdad es que esto es increíble. Estoy muy feliz y contento. Es un día único".
Los miles de rosarinos escucharon atentamente sus comentarios y aplaudieron al final de cada frase. Cuando bajó por la rampa, de la mano del presentador Mariano Iannaccone, los fanáticos comenzaron a corear: "Olé, olé, olé, Kevin, Kevin".
Al completar su primer Dakar, Kevin se acercó al equipo de El Tribuno y dejó un video para todos los salteños (se puede ver en Alentandooo.com). Luego agradeció el seguimiento diario y abandonó el lugar para reencontrarse con sus íntimos.
El salteño no solo es profeta en su tierra y en su país, sino que además fue el piloto por excelencia del doble equipo Honda (HRC y HSA), en el que superó ampliamente a las principales figuras tales como Joan Barreda y Paulo Gonçalves de la tropa europea, como así también a Javier Pizzolito y Jean Azevedo, en el equipo sudamericano. El detalle es que todos ellos abandonaron en diferentes tramos de la competencia, mientras que Benavides era quien iba tranquilamente por detrás, aunque se sabía que era considerado la promesa de la compañía asiática y vaya que la fue.
Ahora se habla de su inminente paso al primer equipo.
Sus actuaciones en las 13 etapas en un circuito que incluyó 9.000 kilómetros, dos países y el recorrido por 10 provincias de la Argentina, más el hermoso salar de Uyuni boliviano, fueron impecables. Solo en dos tuvo inconvenientes: en uno, por liderar, tomó un camino equivocado y en el otro sufrió inconvenientes en su vehículo.
Ambos días en las etapas seis y siete, terminó muy por detrás de su promedio diario (16 y 17). Luego siempre estuvo en el segundo y tercer lugar, alguna vez en el sexto u octavo, y el día en que dejó en claro que al rally Dakar vino a hacer historia y no a pasear. Fue en la fase 3, que comprendía Termas de Río Hondo y Jujuy, previo al paso por su Salta natal, Benavides se subió a lo más alto y se transformó en el primer representante nacional en ganar una etapa.
Se sabía que la última iba a ser durísima para muchos, pero sin riesgos para otros como Toby Price, quien finalmente se llevó el primer puesto en motos, seguido de Stefan Svitko y el chileno Pablo Quintanilla, que por pocos minutos le ganó la pulseada sudamericana a Benavides.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen



Comentá esta noticia