Los argentinos hemos perdido la capacidad del asombro, porque vivimos en lo político, lo social y lo deportivo situaciones que parecían inimaginables, hasta que se hicieron realidad creando un circo de protagonistas y hechos que poco bien le hicieron a momentos como el que vive la Asociación del Fútbol Argentino.
El fallecimiento de Julio Humberto Grondona parecía que traía nuevo aire a la entidad madre del fútbol argentino tras 35 años de gobierno de mano dura y de sospechas de corrupción. No pasó eso, sino todo lo contrario. Todo se convirtió en un huracán arrasador a partir del papelón del 38 a 38 entre Luis Segura y Marcelo Tinelli a fines del año pasado.
El Comité Ejecutivo de la AFA no tuvo la posibilidad de garantizar un acto eleccionario limpio y menos un manejo pulcro del dinero que llegó con el programa Fútbol para Todos, otro de los puntos donde se inició este declive dirigencial.
Si hablamos de situaciones circenses dentro de la entidad hay que contar primero la renuncia de Segura a su candidatura, luego la de Tinelli y la aparición de Hugo Moyano, siempre con su lado oscuro de aprietes a través de su conducción sindical, la de Chiqui Tapia, la de Armando Pérez y la de números dirigentes que se apuntaron para dirigir la AFA, muchos sin capacidad probada y con deudas inmanejables en sus clubes. Ironías de nuestro fútbol.
Otro acto de circo fue y sigue siendo la superliga. Un torneo de modelo europeo, pero diseñado con la "mano argentina", que siempre tiende a dañar todo lo que toca. Para que se concrete se pensó en formar una "AFA paralela", también en la renuncia de sus peces gordos (Angelici, Lammens, D'Onofrio y Blanco).
En paralelo, la Selección argentina jugó la Copa América Centenario sin sparrings porque la caja de la AFA tiene más deudas que activos y no pudo pagar el viaje de los pibes. Se amenazó con quitar a la Selección de la competencia, se entrenó contra mujeres, no se planearon bien los traslados de ciudad en ciudad, situación que se hizo pública por el enojo de Lionel Messi. A esta altura el acto de circo ya se convirtió en un drama total.
Se convirtió en una pesadilla con la aparición de la FIFA anunciando la intervención de la AFA, la remoción de Segura, la reafirmación en su cargo del propio Segura, una final más perdida contra Chile y la renuncia de Lionel Messi. Todo un combo explosivo capaz de sepultar a cualquiera.
Pero, como se suele decir en estas ocasiones, "más bajo no se puede caer", y queda ese aliciente. Se debe avanzar, con Messi o sin él, pero con la certeza de que no deben existir dirigentes que buscan quedarse con lo que le corresponde a la patria futbolera.

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