En épocas en las que se dice que “ya no quedan dirigentes con vocación”; en Salta, Sergio Chibán, como una especie que parece comenzar a extinguirse, no solo asentó una huella honda en la actividad y logró constituir una fuerza que hoy, sin oposición ni alternativas contrapuestas para ocupar el sillón de calle Gurruchaga, parece infranqueable. Sino que también dejó en claro que los procesos sostenidos a largo plazo, aquella máxima que tanto cuesta aplicar en los clubes, pueden ser el puntal y principal cimiento de una gestión exitosa, con abundantes grises y algunos yerros en el largo camino recorrido, pero que a lo largo de 10 años supo refundar una entidad antes devaluada y solidificarla con el avance de una infraestructura que gozarán las futuras generaciones.
La instauración y mantenimiento del Bingo como una fuente de recursos genuinos, el coqueto hotel de las afueras de la ciudad, cuyo espacio físico para la práctica del fútbol es la envidia de plazas futboleras más desarrolladas y parada habitual de los equipos grandes cada vez que visitan la ciudad, la cancha de la Liga, el nuevo predio de El Huaico y un edificio central moderno son algunos de los logros de una gestión a la que también se le debe criticar algunos gestos. Por ejemplo, el carácter unitario del “chibanismo”, la escasa apertura y la reticencia a sumar aires renovados y escuchar nuevas voces. Logró conformarse una especie de “scrum” al que solo pertenecen los mismos de hace 10 años; claro, legitimados por el consenso casi unánime de los obnubilados clubes.

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