El Rally Dakar, que nació accidentalmente cuando su creador, el francés Thierry Sabine, se perdió en Africa y cerca de la muerte se prometió volver acompañado, evolucionó tanto que aquellas historias parecen mitología 38 años después y cuando los corredores son seguidos por la organización casi de manera personalizada, en un operativo perfeccionado este año.
Una competencia nacida así no puede ser menos que peligrosa y requiere un esfuerzo sobrehumano a los que se atreven a desafiarla. Ese mismo esfuerzo que demandó a su creador cuando se perdió mientras corría el rally Costa de Marfil-Costa Azul en una Yamaha XT 500 en 1977 y apareció 48 horas después, cubierto de arena, en el desierto del Teneré.
Apenas una brújula y un mapa era lo que llevaba él y lo que dos años más tarde, en 1979, llevarían los primeros 170 aventureros que largaron desde la Plaza del Trocadero de París con el único objetivo de atravesar África y llegar a la meta en Dakar, 10.000 kilómetros después.
En 2015, esta esencia sigue viva y es ella la que le da vida al Dakar, incluso después de que la competencia abandonara su África natal, aunque hace años dejó de ser una carrera en la que pilotos desorientados o víctimas de un desperfecto mecánico terminan solos, perdidos durante días, a expensas de la inmensidad y de los caprichos del desierto.
Tanto cambiaron las cosas que hoy hay 14 helicópteros están abocados al operativo de seguridad y seguimiento de la carrera, más otros tantos vehículos de asistencia y -claro- la pieza clave que revela la evolución en materia de seguridad del Dakar: el Iritrack.
Este pequeño aparato que llevan incorporado las máquinas, marca ritmo en carrera y su característica principal es que puede salvar vidas, ya que tiene distintos tipos de alarma que -según los casos- el piloto accionará y un aviso llegará directamente a una central en París.
Una prueba del nuevo dispositivo fueron la casi dos horas que tardó la organización en encontrar el cuerpo de Michal Hernik, el piloto polaco que murió en durante la tercera etapa entre San Juan y Chilecito por un cuadro de deshidratación.
A las 14.37 se perdió el rastro del piloto, quien no llegó al punto de control por el que debía haber pasado, y las 15.23 la organización envió un helicóptero en su búsqueda. Cuarenta minutos después, a las 16.03 el helicóptero de la ASO encontraba el cuerpo del piloto recostado a 300 metros del camino de carrera y la moto y el casco a un lado.
Es cierto que el Dakar cambió desde aquel diciembre del 79 en que empezó a llevarse a cabo, pero nunca dejará de ser el rally más extremo y difícil del mundo que representa un gran desafío para los pilotos.

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