"Aunque mis ojos no te puedan ver, te puedo sentir, sé que estás aquí", reza el tatuaje en el brazo izquierdo de Gustavo Bou, clave con sus 10 goles para la consagración de Racing Club de Avellaneda. Acaso el jugador más criticado en el comienzo del semestre que terminó con el título, seguro el futbolista que en su historia de sufrimiento encontró el impulso para cambiar la historia.

El domingo, al finalizar el partido ante Godoy Cruz que decretó la coronación de la academia, el delantero expuso ante las cámaras toda su emoción, su congoja y angustia contenida. "Se lo dedico a mi vieja, si no fuera por lo que me dijo antes de irse yo no hubiese cumplido este sueño", dijo mientras intentaba por todos los medios contener un llanto que finalmente liberó.

"Me lo hice cuando falleció, con su cara y también le puse gracias por todo", contó tiempo atrás el jugador de Concordia que llegó a Racing en agosto de 2014 en medio de una fuerte polémica porque dos meses antes Diego Cocca había asumido como entrenador y los hinchas consideraban que el delantero no tenía nivel suficiente para jugar en el club y que su arribo se debía a que compartía el mismo representante con el entrenador, el empresario Christian Bragarnik.

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Gustavo Bou llegó a Buenos Aires cuando tenía 14 años. A los 15, cuando ya formaba parte de las inferiores de River, sufrió el golpe más duro de su vida: el fallecimiento de su madre quien, antes de irse, le pidió que peleara hasta el final por cumplir el sueño de jugar al fútbol como profesional.
"Siempre me beso el tatuaje de mi mamá cuando hago un gol", declaró el delantero al diario Crónica días después de convertir su doblete ante Belgrano, recordado por el festejo emocionado, con los brazos señalando el cielo, a modo de dedicatoria.

"Yo le había comentado a los dirigentes y a los psicólogos que tenía en River que si le pasaba lo que yo no quería a mi mamá, iba a dejar el fútbol. Se me hizo muy difícil, cuando ella falleció estuve casi un mes allá en mi pueblo, quería dejar todo, pero me acuerdo de unas palabras de ella: me pidió que no dejara el fútbol, que ella me iba a ayudar desde donde esté. Entonces hablé con mi papá, que a la vez estaba mal y que se sentía peor porque veía que me iba a quedar en Concordia, y decidí volver a Buenos Aires", recordó de aquel momento que fue el más terrible pero a la vez el que le sirvió de impulso para ir en busca de su sueño.

Tras pasar sin grandes éxitos por River, Olimpo, Liga de Quito y Gimnasia de La Plata (donde juega su hermano Walter), le llegó la oportunidad de jugar en Racing. En cinco meses convirtió 10 goles y fue clave en la consagración de la academia.

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