Qué triste y lamentable es el momento que atraviesa el fútbol nuestro de cada día, que cada vez agudiza más un estancamiento que viene arrastrando desde hace años, postergando el sueño de dar el salto de calidad necesario para competir en una categoría de mayor envergadura a nivel nacional.
Y en medio de tanta crisis apareció la Liga Salteña con este apogeo de obras suculentas, acompañando el crecimiento en materia de infraestructura que se transformó como un oasis en medio del desierto. Aunque las obras y los montos evidentemente no fueron repartidos por igual. A todo esto llegó el traspaso de mando de Sergio Chibán a Daniel Cáseres. Y a unos días de haberse concretado la asunción del nuevo presidente se sintió el primer cimbronazo en las esferas de la Liga, porque este encontronazo que protagonizaron Daniel Cáseres y el presidente de Central Norte, Héctor De Francesco, pone al desnudo la falta de transparencia y el sinceramiento profundo en cuanto a la toma de decisiones con la representación y participación de todos clubes que conforman la Liga Salteña, porque la Liga es parte de todos los clubes y no de unos cuantos.
Zanjar las diferencias entre cuatro paredes resultaría saludable, pero también mayor consenso. Por eso debe existir siempre un diálogo fluido en el cumplimiento del deber. Lograr ese entendimiento para que no ocurran hechos como este, que fue vergonzoso y lamentable, es el primer paso que se deberá dar para salir adelante.
Es que todo va de la mano, la Liga Salteña, los 16 clubes que la componen y el ejemplo de trabajo tiene que partir del mismo seno, donde concuerden las ideas en beneficio de todos ellos y de una manera más equitativa.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial



Comentá esta noticia