"Dolor en la región aquiliana izquierda" fue la suscinta y poco explicativa versión oficial que arrojó el parte médico elaborado por el cuerpo médico boquense al término del Superclásico. Es que Fernando Gago debió abandonar el campo de juego antes del minuto de partido por esta lesión.
"Se me cortó, se me cortó", fue la exclamación de Gago, con los ojos húmedos, el dolor y la desesperación dibujados en su rostro, cuando a los 30 segundos de juego cayó de bruces sobre el césped sin que mediara acción de un rival alguna.
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La ruptura del tendón de Aquiles a la que aludía el futbolista es muy sencilla de detectar "prima facie", aún para aquellos que no son médicos pero conocen mínimamente lo que es la práctica deportiva.
Es que cuando el tendón se corta como aseguró Gago, se siente como un piedrazo sobre la zona afectada aunque ningún contacto haya existido y esto se produce por el efecto que se parece en mucho al corte de una correa de cortina, que se va hacia arriba y deja un hueco en su lugar que es muy sencillo de percibir apenas hundiendo un dedo.
Para recomponer el tendón es necesario bajar la parte que subió con el corte y unirla con la inferior. Demanda operación y prolongada recuperación.

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