El fútbol me permitió conocer otra faceta de Roberto Romero, muy diferente a la del reconocido empresario o del respetado político. Sagaz, emprendedor y hasta canchero en su lenguaje, cumplió con creces su rol de dirigente de fútbol.
Conocerlo no fue fácil, pero sí emocionante. Más para un joven periodista, casi un principiante, que tenía que hacerle una nota a Roberto Romero, que en aquel febrero de 1968 había asumido como presidente de Central Norte.
Vaya momento. Romero estaba charlando con otros dirigentes en medio de la cancha cuando llegué al estadio Dr. Luis Gemes. Seguro que se debe haber percatado de mi nerviosismo, porque le pedí la nota casi tartamudeando, amén de que me temblaban las piernas, porque al instante, y en un gesto casi paternal, me tomó del hombro y me dijo: "Vamos caminando hasta la secretaría y te voy contando sobre los trabajos que vamos a hacer en el club".
Ese Romero fue la dinámica de lo impensado. No solo se explayaba en términos futboleros, sino que actuaba como un avezado dirigente. Rompió con los moldes cuando dijo que "para competir con los profesionales hay que traer profesionales". Como tal, no dudó en recurrir al entonces presidente de Boca, Alberto J. Armando, quien a su vez lo contactó con su colega de Atlanta. Así recalaron en Salta el técnico Bruno Iezzi y cuatro jugadores: José Cafaro (arquero), Adolfo Fernández (defensor), Ricardo Sassone (volante) y Raúl Savino (delantero).
1970 Primer Provincial. Romero siempre quiso darle participación a los clubes del interior y ese año logró que se disputara el primer torneo para clasificar a los regionales y/o nacionales de la AFA.
Pero ahí no terminó la revolución, porque apoyado por los presidentes de Boca, Racing y Atlanta, impulsó la Copa Argentina, en la que su Central Norte jugó las ediciones de 1969 y 1970. Al año siguiente se metió de cabeza en la organización del primer torneo internacional de fútbol, con sede en Salta y Tucumán. Fue el recordado torneo Sol, Fútbol y Turismo, que contó con la presencia de Boca, Racing, Cruzeiro y Botafogo de Brasil.
Se mantuvo inclaudicable en su rol como dirigente futbolístico hasta1974, cuando logró clasificar a Central Norte por primera vez a un Nacional, más allá de sus compromisos como empresario y de las espectactivas políticas por la reapertura democrática de esa década.
En 1977, bajo su batuta, El Tribuno organizó en Salta la reunión Cumbre del Fútbol del Interior, donde se aprobó la resolución 1309, que fue el primer paso para que los clubes del interior se integraran a los torneos de la AFA.
Tal era su pasión que en 1978, cuando ya no era dirigente, vimos juntos todos los partidos del Mundial, en la cancha de River, hasta que Argentina salió campeón.
Y más allá de su extensa y rica trayectoria política, y de su investidura como gobernador, seguía siendo el mismo futbolero de siempre.
Cómo olvidar aquel febrero de 1992, cuando nos encontramos en la puerta giratoria del diario. Cómo olvidar que 24 años después me iba a tomar afectivamente del hombro, como aquella primera vez, e íbamos a seguir hablando de fútbol.
Quería que el diario le dé más espacio al fútbol y que lo iba a replantear a su regreso de Brasil.
Cómo olvidar aquella despedida, cómo olvidar esa faceta de Roberto Romero.

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