Ascendió Iván Delfino con Patronato. Un dejo nostalgia y una sensación que no se explica. ¿Por qué allá sí y por qué acá no? Y si lo hacía Gustavo Coleoni con Santamarina daba igual. Los dos pasaron por el fútbol salteño y no se puede asegurar que, si seguían, ascendían. Pero la verdad es que acá no se respeta a nadie. La presión de la tribuna y la presión mediática somete con mayor fuerza que la paciencia y la cordura que alimentan los procesos redituables. En Salta no existen los plazos largos y eso que ejemplos sobran a lo largo del país. Acá se hace lo contrario. No se perdona nada. Se alaba o se critica de acuerdo a la simpatía de los entrenadores. Y los dirigentes, los únicos que realmente tienen el poder para bancar los ciclos, se rinden antes que los hinchas. Son hinchas disfrazados que se envalentonan con la popular.
Hay técnicos y técnicos que pasan por Salta. No todo es creíble, por supuesto. Pero estos dos, en Juventud Antoniana fueron protagonistas, trabajaron amoldándose a jugadores que, por lo general, no estuvieron a la altura. Los dos terminaron contaminados en un ambiente podrido. La relación del Sapo Coleoni en Central Norte no fue tan diferente: un plantel armado por él se fue al descenso, pero en su primer paso armó un equipo competitivo que no ascendió por un penal mal pateado (le había recomendado la mayoría de los refuerzos al presidente López ante de recalar como DT). Coleoni sigue jugando finales, en Salta solo la vemos por TV. Y a Delfino se lo maltrató como "defensivo". El "defensivo" ahora jugará en Primera y nosotros seguiremos en el Federal A.

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