Por Rodolfo Ibarra (*)

Sufrir una derrota deportiva afecta al autoestima. Uno trabaja en la psicología aplicada al deporte, pero hay que aplicarla a la vida, al cotidiano. Ganar o perder no solamente es algo que sucede en el fútbol. Uno tiene que tener la capacidad para asimilar la derrota en modo tal que no sea trascendental en la vida. Esa cuestión negativa se debe transformar en algo positivo, que lo lleve al chico a poder tolerar la frustración de la derrota. Hay que bajar ese mensaje a los chicos, que no siempre se gana y no siempre se pierde. No hay que tener un amplio conocimiento para entrenar chicos para jugar al fútbol. Entrenar chicos es una cosa, formar es otra función. Eso depende también de las ganas del entrenador de aprender. Aunque parezca un juego de palabras, hay que formar para formarse y formar para formar a otros. Es una doble necesidad abierta.
Al deporte hay que utilizarlo como herramienta, es formativa para un chico, ayuda a comprender la vida misma. Uno no gana siempre, hay que seguir intentando. El deporte otorga la disciplina, la perseverancia, el entrenamiento, la responsabilidad, el seguir insistiendo, superarse a uno mismo más allá del rival. En definitiva, es circunstancial el resultado. El verdadero premio es el esfuerzo, el resultado es consecuencia o accidente. Lo mejor está puesto en lo que uno brinda. Mucho tiene que ver el compromiso social de los clubes con las inferiores. Los clubes chicos no pueden tener un psicólogo porque no tienen recursos, pero los grandes tampoco tienen uno y pueden tenerlo. Eso tiene que ver con el compromiso social que un club adquiere. Al no haber un resultado inmediato, no se invierte para formar integralmente a un jugador para que suba a Primera. Y un club existe no solo por los ascensos o los resultados, sino también para tener un impacto social. La urgencia está dada en todos los órdenes de la sociedad, el fútbol es lo más visible, pero pasa en todos lados. Nada es instantáneo. Nosotros en la psicología decimos que todo tiene que verse como un proceso, orientado, con objetivos concretos, no vivir de la improvisación. Acá no hay procesos a largo plazo, se diluye todo en el camino. Para formar a un chico se requiere de un proceso de diez años.

(*) Psicólogo del deporte, trabajó en clubes como Pellegrini y Altos Hornos Zapla; actualmente en las divisiones inferiores de Central Norte.

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