Los hechos de violencia no tienen límites en el fútbol, como tampoco el esfuerzo e inoperancia de algunos sectores. Los acuerdos de paz entre los barrabravas, como ocurrió recientemente en Juventud Antoniana, parecen ser tan inciertos como Papá Noel.
Pero no es un caso aislado de los que buscan poder o negocio a cualquier precio. Pasa en los principales clubes salteños, nacionales y de todo el mundo y todo sigue igual.
Solamente en nuestro país desde 1922 las cifras oficiales por violencia en el fútbol sobrepasan la barrera de los 300. No se habla de daños colaterales, de la familia de las víctimas, ni de los daños físicos, hasta irreparables que dejan esos desencuentros de inadaptados.
Ahora, una vez más, el comité ejecutivo de la AFA tratará de mostrar medidas ejemplificadoras cuando oficialice hoy las sanciones contra Arsenal de Sarandí y Atlético de Rafaela por incidentes en los partidos ante Aldosivi y Rosario Central, respectivamente.
La Crema será castigada por la agresión al árbitro Delfino ocurrido en la quinta fecha. Arsenal - Aldosivi debió ser suspendido a la media hora del primer tiempo por el árbitro Ariel Penel luego de un enfrentamiento entre la barrabrava del equipo local y la Policía bonaerense, en el marco de un partido disputado el 30 del mes pasado.
Pero sobre llovido, mojado, y ahora otra vez la barbarie golpeó al fútbol argentino en general y al club Lanús en particular, con la salvaje agresión de un barra de la entidad al mediocampista Matías Fritzler al término del partido de este domingo, en el que Argentinos le ganó por 1 a 0 en el sur.
Lo cierto es que la agresión de un barra identificado deja en evidencia que Lanús, que fuera catalogada como una entidad modelo por el equilibrio de sus finanzas y el sostenido desarrollo de su infraestructura, también parece haberse contaminado por la violencia.
Según se supo, Matías Fadiga, el barra que a Fritzler mantiene aceitados vínculos con la Subcomisión del Hincha, una especie de nexo entre los dirigentes del club y la barrabrava granate. O sea que el poder vuelve a ser cómplice de una delincuencia estructural sin códigos que no piensa en el club, en las familias ni siquiera en la sociedad.
Pero, en contraposición, una buena se conoció ayer con la nueva condena del exbarrabrava de River, Alan Schlenker, que si bien no fue directamente por un aspecto futbolístico, no deja de marcarse como un hecho violento que caracterizó siempre al hincha millonario.
Los hechos de violencia se siguen sumando y hasta son vistos como un deporte más. Los estadios, barrios, villas y la gente común se convirtieron en víctimas de un virus que crece sin control.

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