El corazón futbolero del barrio admitía la existencia de cuatro amores. El primero, indiscutido y por lo tanto fuera de concurso, por así decirlo, era Gauchos de Pueyrredón, el humilde equipo de la casa. Después estaban el Club Atlético Libertad, Argentinos del Norte y, por último, también en los afectos, Gimnasia y Tiro.
Pero en esta oportunidad hablaré de Libertad, la vieja y querida institución forjada en el ideal libertario, fundada por muchachos anarquistas, artesanos y obreros.
El club surgió el 12 de marzo de 1901 y es el más antiguo del noroeste con sus 114 años.
Su fundación no fue asunto fácil. El aludido grupo de muchachos, encabezado por el comerciante Bernardo Alanís, tuvo que superar el embate de señorones como don Manuel Anzoátegui y Victorino de la Vega, que quisieron adueñarse de la iniciativa. Pero los muchachos sortearon el escollo y adelantaron las elecciones para que asumiera Alanís.
Libertad dio sus primeros pasos en los descampados de lo que es ahora el Paseo Güemes. En la década del 20 tuvo su primera cancha, que fue construida donde está actualmente la desvencijada Palúdica.
Luego, Libertad tuvo su sede en Deán Funes 531. Allí no solo se destacó por su actividad deportiva (fue campeón de la Liga Salteña en 1936 y 1941), sino que descolló en lo cultural.
En la década del 60, Libertad jugó y perdió una final con Central Norte, con un equipo integrado por tres grandes figuras del fútbol salteño. El arquero Arroyo, el eterno Daniel Caro y aquel gran mediocampista el Petiso Tejeda.
También se concretó un trueque con la Liga Salteña de Fútbol, en el cual cedió su sede a cambio de un incipiente estadio cerca de la terminal.
Se ignora cómo y por qué realizó ese lamentable cambio que, para muchos, lo convirtió en la sombra de lo que fue. Pero de todas formas ¡salud y Libertad! Todavía en el barrio perdura el eco de las risas del inolvidable Polito Rojinegro.

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