En una sociedad tan resultadista como el fútbol mismo, en la cual se sobrevalora el triunfo, se sobredimensionan las victorias y se deja de lado el valor tangible de la competencia en sí misma, los chicos son en muchas ocasiones los más afectados. Cuando se impone desde altos estrados (desde la Selección nacional para abajo) que la única alternativa es ganar, por encima del espíritu lúdico y amateur del deporte, es muy difícil evitar las flaquezas anímicas, la desmoralización y las variaciones en la autoestima de sus propios actores. Cuando la presión constante, la exigencia por los triunfos, la vara elevada y la peligrosa utilización del vocablo "fracaso" comienzan a ser el mensaje que bajan los más grandes para los chicos, suele distorsionarse el sano sentido de competencia que deben incorporar los futbolistas en su etapa formativa.
Y para evitar que el paradigma del éxito-fracaso se impregne en nuestros chicos, hoy en Salta es loable el esfuerzo que realizan los formadores de clubes austeros de la Liga Salteña de Fútbol, como Atlético Salta, San Martín, San Francisco, Unión y Sanidad. Por ejemplo, hoy un pibe salteño no "sueña" con jugar en San Francisco; pero tampoco cuenta con los medios o las chances para probarse y quedar en los selectos Gimnasia y Tiro o Juventud. Sin embargo, cientos de chicos de la provincia no solo tienen la posibilidad de hacer lo que más aman en un club de barrio que los representa, sino que también son absorbidos por un polo de contención social que los aleja de la marginalidad, los hace sentir importantes, los forma.
Es cuantioso y vital el aporte de la Liga para con los clubes más chicos, para los que sin embargo sus propios recursos son insuficientes para jerarquizar sus inferiores con más y mejor material humano para la formación. Por ello, los entrenadores de cada categoría desdoblan esfuerzos y multiplican roles: son técnicos, preparadores físicos, asistentes, psicólogos, padres y hasta médicos improvisados de sus dirigidos. Y, como si fuese poco, tienen la titánica misión de incentivar permanentemente y contener emocionalmente a los pibes tras cada partido de inferiores, en los que queda muy expuesta la dispar equivalencia entre grandes y chicos. A ningún pibe le gusta volver a su casa con la decepción de un 0-10 en contra, llámese Juventud, Central o quien sea el rival de turno. Y eso lleva al sentimiento de frustración, a la deserción y al abandono en muchos casos. Hay apego al trabajo desinteresado, hay oficio, amor y voluntad. Pero la capacitación no llega a ser suficiente y ese es el desafío de los clubes para contener a su materia prima.
Un ejemplo concreto del trabajo a pulmón es San Francisco. Así lo contó su presidente, Ángel Machado. "Los padres creen que todo se termina en los clubes grandes, pero acá los contenemos y todos tienen la chance de jugar, de estar integrados. Nosotros hicimos una apertura a barrios periféricos como Solidaridad y La Ciénega. De allí los buscamos y los llevamos. Nos solventamos con aportes privados o colaboración de los padres, pero la Liga Salteña nos subvenciona la cancha, el árbitro y todo lo que nos hace falta para jugar. A los chicos de más bajos recursos les solventamos la indumentaria, los botines, el traslado. Queremos que el chico crezca, se supere y aquí tenga esa posibilidad", expresó.

"Que la derrota no los bajonee"
Machado, a su vez, se refirió al trabajo de apoyo moral y la persuasión a la que deben recurrir los formadores para evitar la deserción de los chicos ante goleadas desmoralizantes. "Que salgan dos o tres que se destaquen es otro tema. Hay una intención de que esto vaya mejorando y eso se refleja en la tabla de posiciones de las principales categorías. Pero se priorizan los chicos. Lo que hacemos es hablarles, decirles que hay clubes con una mayor capacidad, con una mayor estructura, decirles que esa es la meta que ellos tienen que lograr, llegar a jugar como ellos, igualar a esos chicos. Les inculcamos que si se esfuerzan pueden llegar. Tratamos de hacerles entender que a veces se pierde y a veces se gana, que de lo que más se aprende es de la derrota", describió el titular del sanfra, para luego puntualizar:
"Estamos tratando de hacer una primera local más competitiva para que los más chicos tengan ese espejo donde mirarse, que sea un incentivo. El club no es exclusivo del barrio San Francisco, es de Limache, Valdivia, Lapachos, de los barrios periféricos", rescató.

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