Iba ser una gran fiesta entre Martín Palermo, el Pato Abbondanzieri y los miles de chicos de las escuelitas de fútbol de los barrios en las auxiliares del Martearena. Pero la organización del evento se vio desbordada y los ídolos xeneizes no pudieron compartir la cancha con los pequeños como estaba previsto.
Desde las diez de la mañana se desarrollaba el encuentro de las escuelas de fútbol de la ciudad y los chicos esperaban ansiosos a Palermo y al Pato, que estaban en la cancha principal entrenando con Arsenal. Pasadas las doce del mediodía, y ya con varios padres aplaudiendo pidiendo por los exfutbolistas, salieron del estadio hacia las auxiliares: primero las autoridades y luego el ahora cuerpo técnico del equipo de Sarandí. En principio los desbordó la prensa y, al llegar a las auxiliares, la gente (los pequeños jugadores, los padres y otras personas que se habían acercado al Martearena porque la entrada era libre).
Todos querían un autógrafo, una foto o simplemente saludar a Martín y a Abbondanzieri, pero no hubo una buena organización para que esto sea posible.
En principio estaba dispuesto que la dupla de exjugadores recorriera cada una de las zonas de las canchas en las que estaban ubicadas las escuelitas; y que interactúen con ellos aunque fuera unos minutos. Pero no pudo ser, nadie controló que los que no pertenecían a las escuelitas no ingresaran a las auxiliares y fue prácticamente un caos. Palermo y el Pato, por más buena voluntad que le ponían, no podían avanzar; firmaban algunos autógrafos y se sacaban fotos con los chicos, pero no pudieron hacer más y ambos decidieron dar la vuelta y volver al estadio, donde compartieron una media hora con los medios de prensa que habían ido a cubrir el evento.
Así que su presencia y su contacto con los pequeñitos fue efímera; estuvieron diez minutos exactos.
Para colmo, se había anunciado que Palermo y Abbondanzieri iban a volver a salir a las auxiliares para un encuentro de una manera más organizada; así, cientos de chicos esperaron ilusionados verlos otra vez y poder entrar en acción con ellos, pero nadie salió a decir oficialmente que ya se iban a retirar. Después de media hora de espera, los profesores de las escuelitas informaron que todo había terminado.
La idea estuvo, pero con un poco más de organización hubiera sido mejor y los chicos podrían haber disfrutado más de sus ídolos. Solo diez policías intentaban contener a cientos de chicos; es sabido que no significaban peligro alguno, pero sí que podía llegar a desbordarse como finalmente sucedió.

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