Están ahí. A lo largo y ancho de la ciudad. Moles de cemento, parquizados, viejas instalaciones, canchas grandes y chicas. Son los clubes nuestros de cada día. Están ahí. Se distinguen claramente aunque a veces no se sabe qué pasa por dentro a ciencia cierta. Encierran historias y anécdotas. Encierran pasión. Y no se trata solo de fútbol. Sus actividades, sus problemas, sus socios, que lejos están de contarse por miles salvo un par de excepciones, se reflejan, aunque sea en parte, en esta recorrida que realizó Alentandooo.

Jockey Club: cumplirá 67 años en este flamante mes de agosto (fundado en 1948). Se sustenta con la cuota al día de poco más de 3.000 socios, es el club con mayor cantidad de empleados y el segundo más grande en espacio físico, con 74 hectáreas en la zona sur. Su fuerte es el rugby y el hockey, pero posee uno de los pocos campos de golf en la ciudad, lo que vuelve a este deporte como uno de sus principales. También hay una escuela de hipismo y entre sus mejores amazonas se destaca Sofía Trimarco, quien participará en las próximas olimpíadas juveniles.
Pero el rugby gana por goleada. Más de 1.000 jugadores, cientos de chicos y jóvenes se motivan con la ilusión de imitar lo del Puma salteño Chipi Figallo, el hijo pródigo de esta casa. Y hay algunas reglas en este club: "El tenis recibe invitados y los que no son socios solo pueden entrar tres veces al año", cuenta Tomás Saravia Toledo, el gerente. Pero el momento sublime, aún está en la memoria de los salteños, es la misa que dio el papa Juan Pablo II en 1987, sobre el ya desaparecido hipódromo. Solo quedó la tribuna y la pista hoy es un gran campo de golf. Los socios del jockey también practican Squash, disfrutan del gimnasio y de la pileta en el verano.
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La tribuna del viejo hipódromo, donde el Papa Juan Pablo II dio una misa en 1987. Foto Pablo Yapura

Los Cachorros: un club modesto pero que convoca a otros cientos de jóvenes, también en la zona sur. El béisbol, de la mano del recordado Alberto Pastrana, inició esta aventura hace 32 años (un 7 de febrero de 1983). Hoy, unos 800 socios sostienen al club que hoy tiene su vuelo propio en el fútbol y en el softbol. "Son 800 porque todos los que juegan son socios", dice su presidente Raúl Sardinas. "Si no les cobramos la cuota no podemos solventar nada. Ellos pagan por su formación deportiva", agrega el dirigente.
Los Cachorros reciben diariamente a casi mil personas desde que abre sus puertas, a las 7 de la mañana, con una de sus últimas incorporaciones: el crossfit (entrenamiento militar). Con cuatro empleados, más la colaboración permanente de dirigentes y padres, el club se mantiene; y unos 30 profesores enseñan en las distintas disciplinas. El vóley da sus primeros pasos.
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Las chichas del hockey de Los Cachorros. Foto Juan Barthe

Libertad: El más viejo de todos no podía faltar. Fundado el 12 de marzo de 1901, aún se mantiene de pie, con los problemas de un club chico y el fútbol como principal disciplina, pero ahora se destaca en el maxivóley.
El club decano de Salta tiene apenas 120 socios que pagan al día aproximadamente. Una pileta y salón para eventos sociales como principales beneficios. Sus instalaciones denotan el paso del tiempo. Y se abre caminos con nueva gente: incorporó a la Asociación Deportiva de Atletismo Master Unidos (ADAMU) Gauchos de Salta. Su presidente, Héctor Asshef relata las dificultades de crecer con pocos recursos y recuerda: “Una vez se nos cayó el tiglado por un fuerte viento; vino quien era el Secreario de Deportes y dijo: ‘qué macana’ y se fue. Lo reconstruimos con nuestros propios medios”.

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La cancha de fútbol de Libertad, la más antigua de Salta. Foto Pablo Yapura

Salta Polo Club: está entre los más viejos. Fue fundado en 1926 y claramente destinado para la población de alto poder adquisitivo. Tiene alrededor de 500 socios entre sus tres exclusivas disciplinas: el polo, el golf (se incorporó a fines de los 50) y la equitación.
Desde esta casa surgió uno de los mejores golfista de la actualidad: Tomás Cocha, recientemente ganador de la medalla de plata en lo Panamericanos de Toronto. En sus instalaciones alberga una historia particular: en una de las casas del Salta Polo vivió el Gato Romero, uno de los mejores de la historia en este deporte en Argentina, durante su juventud. El Salta Polo es el club que posee el predio más grande todos, de 107 hectáreas, sobre avenida Bolivia.

Gimnasia y Tiro: es el club top por reunir la mayor cantidad de socios en la actualidad: 4.000 pagan sus cuotas al día (solo unos 500 pertenecen al fútbol), sobre un padrón de 7.000. Su polígono de tiro, allá en sus inicios, en 1902, llegaba hasta el cerro San Bernardo, según recordó el presidente Marcelo Mentesana. El albo es un club top no solo por sus estadísticas, sino por su ubicación macrocéntrica y sus instalaciones. Sumá más de 70 empleados entre los que trabajan en el club y los jugadores de la primera del fútbol; tiene 70 profes destinados al rugby, la disciplina que mayor cantidad de socios aporta. El Gigante del Norte es su máximo monumento y que guarda historias inoxidables como las de Diego Maradona y la Selección argentina en el 1994. Espectáculos musicales internacionales de alto nivel (Luis Miguel, Ricky Martín, Chayanne, entre otros). Gimnasia le ofrece a sus socios fútbol femenino y escuelas de básquet, vóley, natación y de hockey; además del tenis y de contar con un prejardín, canchas de padel, quincho y pileta climatizada. ¿Cuánto se paga para ser socio del albo?, 280 pesos los mayores de 18 años, 150 los menores y 500 los grupos familiares. A partir de allí se incrementa el valor con cada disciplina.
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Los pibes de Gimnasia y Tiro que practican basquet. Foto Pablo Yapura

Sporting: es el tradicional club de tenis por excelencia en Salta. Cuenta con una masa societaria de 430 socios (los activos pagan entre 285 y 755 pesos, según la edad) y está enclavado en Tres Cerritos. Doce canchas y una pileta le dan a este singular espacio deportivo una vista única. Unas 120 personas transitan los pasillos y escalinatas del club que, además, cuenta con un restaurant, dos canchas de padel, un gimnasio, un salón de fiesta y una colonia de vacaciones que convoca a más 100 chicos en cada verano. “Es un club de amigos, cálido en el que se aprende del mejor tenis”, explica Pablo Goytia junto al intendente del club, Estanislao Villanueva.
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Popeye: dueños de una chapa distinguida en el hockey y en el béisbol, con el aguante y el sostén de unos 600 socios. El club solo cierra en las fiestas de fin de año y el 1 de mayo. Tiene más de 60 profesores entre sus dos principales disciplinas y la única cancha de hockey de agua en Salta, que fue inaugurada en 2007 por Las Leonas.
Todos sus jugadores están asegurados y 30 de ellos están becados por el club. Para el socio, el club le da como beneficio descuentos en el uso de las instalaciones. El crossfit, canchas de padel, un gimnasio, el fútbol para ciegos, un albergue, un salón de eventos y la pileta terminan de darle forma a este club que ocupa los terrenos de la vieja Escuela de Policía en la zona norte. Se paga entre 120 y 640 pesos por grupo familiar para asociarse.




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