La realidad económica golpea fuerte a los clubes salteños. Más cuando arman un presupuesto y después se dan con que no llegan a cubrirlo.
Los clubes del Federal B recibieron el compromiso del Gobierno provincial, antes de que comenzara el campeonato, de una ayuda mensual, un subsidio de cien mil pesos para cada uno. Pero hasta el momento no vieron ni un solo peso. Y el más perjudicado fue Mitre, que todavía no cobró ni siquiera el subsidio correspondiente a enero y febrero de este año, cuando aún participaba en los play-offs del torneo pasado.
El aumento del subsidio, anunciado a principios de abril de este año, en plena campaña electoral, sorprendió gratamente a los ocho clubes salteños que participan en el Federal B. Era una ayuda necesaria, teniendo en cuenta el abultado presupuesto que se necesita para afrontar este tipo de campeonato, y que, por sobre todo, golpea a los clubes más humildes, los que menos gente llevan son los que más pérdidas tienen.
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Los presupuestos del Federal B oscilan entre los 150.000 pesos y los 200.000. Los clubes más austeros, como ser Pellegrini, habían dispuesto que su presupuesto no superaría el monto del subsidio. En el adoquinero también hay otros objetivos que van más allá de lo deportivo como, por ejemplo, la construcción de su estadio. Y estos clubes son, justamente, los más perjudicados, ya que semana a semana, cada vez que les toca organizar un partido en condición de local tienen un déficit de veinte mil pesos.
Las recaudaciones son muy bajas y la mejor alcanzó los cuatro mil pesos, siempre con gastos son muy elevados.
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Los operativos de seguridad, un alto costo para los clubes.

Otro ejemplo es la terna arbitral, que como mínimo se lleva siete mil pesos, si es que viene de alguna liga cercana (si viene de Catamarca o Tucumán se paga entre doce mil y catorce mil pesos); la Policía cobra, para un partido sin público visitante, la suma de $5.500, y si se juega con ambas parcialidades la cifra asciende a $7.500 como mínimo, si el partido tiene mayor riesgo más grandes son las erogaciones. A esto hay que sumarle los gastos de ambulancia, boleteros, asistente deportivo, los aportes al Consejo Federal y a la Liga Salteña que, como mínimo, equivalen a $4.500 y $2.560, respectivamente, y el alquiler del Martearena, que asciende a $5 000.
Es decir que un club necesita entre veinte y veinticinco mil pesos para jugar de local, es decir alrededor de cincuenta mil pesos por mes solo para disputar los partidos en su casa.
Ahora bien, cada vez que un equipo sale a jugar afuera significa una erogación de $13 mil como mínimo, yendo y volviendo en el día y solo contando el almuerzo. Si la salida incluye concentración, la suma asciende a veinte mil pesos.
De esta manera, con el subsidio los clubes, con suerte, lograrían cubrir los gastos para organizar partidos; ni sueldos de plantel ni gastos rutinarios (alquiler de canchas para entrenar, remedios, etc.). Y todavía no llega.

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