La Selección está naufragando en medio de una eliminatoria "picada", como el mar. El agua entra por todas partes y no se ve suelo firme, no hay un "belo horizonte". Y no lo habrá si realmente el capitán, que no es Messi en este caso, no pega el golpe de timón necesario. No alcanza con el agradecimiento eterno a una generación que nos llevó a jugar finales. Muchas gracias pero no dejemos de lado que el objetivo nunca fue ser subcampeón y esta generación es la misma que está hundiendo el barco.
Bauza confía plenamente en este grupo de jugadores, pero la Selección tiene mayores urgencias que las de una reivindicación colectiva. El exceso de confianza no nos va a llevar a Rusia. Tampoco se necesita de amiguismo ni gurúes, no hay lugar para los motivadores espirituales, por más que la psicosis crezca. Ya no tiene excusas el Patón. Sí debe tener una idea de cómo pretende que el equipo juegue, aunque no parezca, aunque no suene convicente además de seleccionar mal a los que la deben ejecutar. No hay razón para seguir sosteniendo individualidades de pobrísimo nivel. Ya la sostuvo, no una ni dos veces. Ya ve los malos resultados también. Amén de los errores defensivos que existen, existieron y existirán, no se puede insistir con Mascherano pretendiendo que siga haciendo lo mismo de hace dos años. El tiempo pasa y hace mella. Tal vez por eso Masche ya no tiene tanto recorrido en el Barcelona y se queda en la cueva. Se puede estar enternamente agradecido por aquel brillante Mundial de Brasil, pero los homejanes en vida no nos harán ganar partidos. Su puesto es un punto neurálgico para el equipo y él fue de los puntos más flojos en las útlimas fechas.
Qué más necesita Bauza para entender que Di María ya no es esa aplanadora por las bandas. Dejó de serlo cuando cambió el fútbol inglés por el francés, donde la exigencia es menor y su titularidad, esporádica. Zabaleta estaba chau. Él le dijo "hola" pero nunca volvió a tener el buen nivel que la Selección requiere siempre. Estaba chau. Ni hablar del Pocho Lavezzi. Y Mas, ¿Mas?, es menos. La representación del buen jugador que no es de Selección. También lo pueden ser Belluschi o Acuña, pero al menos nadie le recriminará a Bauza que no intentó cambiar.
A Romero tampoco le vendría mal un descanso. Biglia no está en su mejor forma y Agüero no se tiene mucha fe con la celeste y blanca, ni siquiera en el City. E Higuaín es el daño colateral. El "9" tiene que meterla, se puede equivocar, es cierto, pero lo peor que le puede pasar es que nadie le acerque la pelota, que ya ni siquiera tenga chances para embocar (o volver a fallar).
Messi es el intocable y equivocados estuvimos al pensar que podía salvarnos de cualquier modo. Nunca fue así. Tres finales perdidas son pruebas más que elocuentes. Su destreza necesita de un sostén, de una base, de la mejor versión de sus compañeros para llevar a cabo una idea.
Con tantos sujetos de tan bajo poder futbolístico en la actualidad, la deformación de una idea y del equipo será más fácil de encontrar. Mientras Argentina no explote con a sus mejores jugadores del momento la idea se borrará con acelerada fluidez; mientras no deje librado a los desparpajos de Messi la suerte de ganar, quedarse afuera del Mundial puede ser una realidad. Hoy es una realidad, hoy estamos afuera.
Es cierto que todavía hay tiempo, que el tiempo escasea para convencerse de cuál es la idea. Pero es el mismo lapso que tienen los rivales y que logran ser más prácticos, como Brasil, o más combativos, como Uruguay.
Bauza entenderá por las fuerzas que con la confianza no siempre alcanza y que además de la renovación que pide a gritos la Selección, si no consigue plasmar un concepto con los exponentes adecuados, nos podemos quedar afuera del Mundial, eso que hoy está pasando.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial



Comentá esta noticia