La carrera de Lucas Pratto fue tan extraña como su físico, un portento que inspiraba torpeza pero ejecutaba movimientos con una destreza inesperada. Protegido por Martín Palermo, hizo las inferiores en Boca pero dio sus primeros pasos en Primera División con la camiseta de Tigre. Se fue a Noruega y jugó en Unión antes de recalar en la Universidad Católica, donde mostró su mejor versión a nivel internacional y atrapó la atención del Genoa italiano. Sin minutos, llegó a Vélez encarnando una incertidumbre y una apuesta.

En una época sin ídolos, Pratto se ganó el cariño del hincha al punto de convertirse en su máximo referente en los últimos años. Durante casi tres años dibujó jugadas imposibles con la camiseta del Fortín y encarnó la ilusión de un equipo que gracias a sus goles siempre fue protagonista. Gracias a los goles de Lucas, el conjunto de Liniers fue campeón del Torneo Inicial y de la Supercopa Argentina.

En el último mercado de pases estuvo a punto de emigrar a River pero la dirigencia de Vélez hizo lo imposible para retenerlo. Pratto se quedó y en un equipo que fue de los peores en cuanto a funcionamiento del campeonato, marcó la friolera de 11 goles y puede despedirse, quizás, como el goleador del fútbol argentino.
Pratto, de 26 años, fue claro : "La idea es ir al exterior" . Con esta frase parecería haberle cerrado la puerta a Boca Juniors, club que quería contar con él para la próxima temporada. Lucas, quien apenas marcó 3 goles en 17 partidos con el Genoa, intentará buscar revancha en Europa, un mercado que ya quedó atrapado por sus goles en un Amalfitani que se reunió para ofrendarle una última y merecida ovación.

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