Después del parate y de las elecciones, en cualquier momento los barrabravas volverán a ser la mala noticia de nuestro fútbol. Y Juan Manuel Lugones, abogado de la ONG Familiares de las víctimas de la violencia en el fútbol y coordinador del movimiento "Fútbol en Paz en la Argentina" realizó una recorrida en Salta para concientizar la problemática y presentar su libro "Barrabravas para todos", una extraordinaria recopilación de los recientes casos de impunidad y la complicidad de la clase política y judicial. Pero también apuntó contra los dirigentes. Lugones contó con pruebas lo que todos conocemos y suponemos. Y adelantó que la problemática será aún más grave con la intromisión de los carteles narcos.

El libro es una clara muestra de lo que sucedió y sucede con los barras en el país. ¿Qué otra cuestión nos aporta?
Trata básicamente la relación de los barras y la política en los últimos años. Barrabravas hubo siempre, pero ahora tienen nombre propios y salieron del anonimato. Los Di Zeo, los Bebote Alvarez. Es un libro que realmente me deja muchos enemigos en el arco político.
El primer capítulo habla sobre Aníbal Fernández y algunos cuestiones con los barras. De los barras de los intendentes de Buenos Aires, el caso Godoy Cruz en Mendoza, los barras tucumanos, lo que pasa en Jujuy o en Chaco con Capitanich. También la relación de los barras con empresarios como Tinelli. Hay un capítulo que se llama "La Buteler de Tinelli, la barra de San Lorenzo. A todos los dirigentes le preguntan la relación con sus barras, a Tinelli no. Entiendo como es. En nuestro imaginario pensemos que Independiente tiene barras porque Moyano es sindicalista y camionero. También hablamos de la Policía como una tercera pata. Ningún negocio de los barras podría existir sin la complicidad de la Policía.

Pero la Justicia también es cómplice.
Totalmente. Yo coordino un movimiento que se llama "Fútbol en paz en la Argentina". Y trabamos con los familiares de la víctima. Realmente la Justicia argentina tiene una deuda con ellos. Casi 300 muertos, cientos de miles de heridos y, sin embargo, casi nunca hay responsables. Hay pactos de silencio. La Justicia mira para otro lado. Los fiscales actúan como hinchas. Los crímenes quedan impunes, pactos de silencio, malas investigaciones.

¿Qué lo llevó a pelear contra todo este sistema?
Soy abogado e hincha del fútbol. Pero el tema barras no era un tema que yo quería tocar. El tema me tocó a mi. Yo era laburante en el Ministerio del Interior y compañeros me comentan que estaba contratada la barra de River, más precisamente en el Renaper (Registro Nacional de las Personas). Tenían a cargo el departamento de huellas digitales. Una locura. El barra era Carlos López. Luego fue exonerado por utilizar un auto oficial del organismo para escapar de una emboscada del grupo de los Rousseau a los Schlenker en el Monumental. En aquel momento nadie se animó a denunciarlo. Pero ellos estaban ahí para romper la cabeza a aquel que tuviera una opinión sindical distinta. Le llevé llevé los nombres al juez Berges. Luego me llama Nelson Castro por un reportaje y preguntó si el Ministros del Interior, que en ese momento era Aníbal Fernández, sabía de estas cosas. Le dije que sí. Era el que firmaba los contrato de los empleados. A las 24 horas Aníbal Fernández me mandó un telegrama y terminé procesado por injurias. A partir de ahí se me acercaron los familiares de las víctimas, un poco por solidaridad e iniciamos un camino juntos.

¿Y cómo es pelearla sin apoyo ni culpables?
Solo gané problemas. Pero lo veo de esta forma. Soy abogado y me recibí en la Universidad pública. Me formaron todos los argentinos. Entonces hay causas que hay que seguirlas, llevarlas adelante cuando la vida te da una responsabilidad de estas. Después uno paso a ser alguien de consulta en estos temas. En este movimiento tenemos tres ideales y ninguna las pudimos alcanzar todavía: terminar la violencia en el fútbol, cambiar el destinos de los millones que se destinan al fútbol y transparencia en los clubes. que manejan presupuestos millonarios, sean manejados de forma transparentes. Y también honestos, pero la mayoría, en Argentina, lleva de la mano de los barras. Y el quiere cambiar las cosas no tiene a quien recurrir.

No solo no hay solución sino que el problema crece. ¿O no?
Lo peor es la relación de los barras con los narcos. Rosario es un caso claro. Las barras de Central y Newell's se juntaron con el cartel y se repartieron los lugares. En la provincia de Buenos Aires ya tiene vestigios de eso. ¿Por qué pelea la barra de Ituzaingó si son 30? Sin embargo pelean, por el territorio, por quien maneja el delito en el lugar, todas las barras se pelean por lo mismo. No es una cuestión solo de tablón, la cuestión de la barra ya está afuera de la cancha. Es del barrio. La explosión de los barras con los narcos es el problema que viene. El fenómeno de la pelea de los barras ya es vieja. Ahora el fenómeno es de gente que viene del delito a la barra. La barra es un negocio y gente del delito se recluta.

¿Cuánto apoyo recibió en esta lucha?
De algunos, pocos. Podríamos tener mucho apoyo del dirigente; se fue Grondona pero no cambió nada. Jamás pudimos tener una audiencia con Grondona, con los familiares de la víctima. No era para pedir entradas para el Mundial de Sudáfrica. Era para pedir cosas simples, como un minuto de silencio, poner una bandera. Jamás fuimos recibidos. Ahora, los barras sí son recibidos. Y no todo el periodismo es valiente en este tema. Durante años, por ejemplo, lo que es el bloque de TyC, cuando manejaba el fútbol, nunca nos dio la oportunidad de poder colar alguna noticia. Ellos decían que era malo hablar de barras. Pero hubo algunos periodistas que nos dieron un espacio. Por ejemplo, si Victor Hugo Morales ve esta tapa (señala una bandera de Kirchner en el libro) no le iba a gustar, pero nos dio una mano con su equipo de trabajo. Clarín nos dio bola, pero no todos los periodistas.

¿Cómo trabaja el movimiento y cuántas denuncias hicieron?
Por ejemplo, denunciamos la venta de entradas de protocolo a los barras para el Mundial. Denunciamos a la barra de Boca cuando fue lo del gas pimienta. Cuando hay apretadas a jugadores las denunciamos para que investiguen. Una vez, Antonio Mohamed era DT de Independiente. Comparada era el presidente. Va a la barra a la puerta del vestuario y comienza a cantar la marcha fúnebre. Sale del vestuario y denuncia: "el presidente me mandó la barra". Pero nadie hizo nada. Nosotros hacemos la denuncia y el sumariante me mira y me dice: ¿usted dónde ve el delito? Es claramente una coacción agravada. ¿Sabés que me respondió?, "usted tiene que ver cómo es la cosa en el fútbol". Entonces, los delitos clarísimos para cualquiera, en el mundo del fútbol son otra cosa.

¿Cómo cree usted se cambia todo esto?
Con decisión política, lo que no hay en Argentina. Cuando vienen los expertos de afuera, nos explican como lo hicieron pero después nos dicen que esta receta en nuestro país no va a funcionar. En Europa funciona bien, hay incidentes, pero que el que crea incidentes no vuelve más a una cancha. Si los socios del Real Madrid insultan a un rival, los expulsan. Acá es imposible para nuestro razonamiento. Acá tendría que haber tolerancia cero con los barras.

¿Pero cree que esto va a cambiar algún día?
Es una utopía. Una vez me dijo Marcelo Longobardi: "usted está loco". Algún día va a a cambiar. Para eso tiene que haber una nueva generación de políticos, de dirigentes. A esta generación que va a la cancha, no la cambiás más. Necesitamos una nueva generación que piense distinto, para que de acá a quince o diez años cambie las cosas.


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