Melena al viento, en un salto imponente para conectar de cabeza esa pelota que siempre terminaba dentro de una red, para delirio del pueblo antoniano. Era difícil de marcar para cualquier defensor, como si fuera un roedor que quiere escapar de su presa, quizás por eso lo apodaron "Ardilla", porque nadie lo podía agarrar y terminaba haciendo de las suyas. Luis Alberto Rivero, a los 62 años sigue siendo ese humilde muchacho de barrio, amiguero con la gente, de los más recordados jugadores del santo.

¿Cómo fueron sus inicios en el fútbol salteño?
Me inicie en American Oeste, tenía 15 años y ya jugaba en Primera. En el 75 Juventud vendió a Luñiz y no tenía 9, Marcial Acosta me vio un miércoles porque los enfrenté, me vieron jugar, íbamos ganando 1 a 0, el gol lo hice yo. Al otro día ya era jugador de Juventud, tenía 18 años.

Jugó en un época gloriosa, en los viejos nacionales.
Jugué contra grandes jugadores, Passarella o Fillol; en el año 78 jugué el Nacional para Gimnasia y Tiro, jugué contra River y le hice un gol en el Monumental a Fillol. En ese torneo después de jugar contra River, el miércoles jugamos con Talleres de Córdoba y el domingo contra otro equipo grande, no me olvido más, en esa semana bajé cinco kilos.
Con Juventud, si no me equivoco, jugué cuatro nacionales.

Casi de jugar en el barrio al fútbol grande de un solo paso.
Soy del barrio El Carmen y siempre jugué como si estuviera en el barrio, los encaraba y chau, a buscarla adentro.

¿Quién le puso "Ardilla"?
Tucho Figueroa me apodó así, porque era rapidito y no me podían agarrar, jejeje. El día que debuté en Juventud jugamos contra Correos y Telecomunicaciones, ganamos 10 a 0 y creo que hice cinco o seis goles. Al siguiente partido le hice dos a Central Norte.

¿De jugar en el barrio a recorrer el país con Juventud?
En el 75 jugamos el Nacional. El primer partido que jugué fue contra Racing, debuté en el Cilindro de Avellaneda. Estaba asustado en esa cancha, nunca había viajado en avión. De jugar a la pelota en el barrio e ir a buscar la pelota a un canal cuando la pateábamos, a estar jugando en la cancha de Racing, era de no creer.

¿Hay diferencia entre los jugadores de antes con los de ahora?
El fútbol no era tan profesional, se jugaba por amor a la camiseta y por el mango que te daban los dirigentes. Ahora son profesionales, una sola lesión tuve en Juventud y estuve un mes sin jugar. Ahora son más delicados, falta de locro. Si hubiera nacido en esta época no estaría acá, hubiera jugado en Primera División.

Los clásicos contra Central Norte eran especial para usted.
En los duelos contra Central Norte estaban Varela, Costello, Waldino, Eduardo Cortés, semejantes jugadores. Todas las veces que jugué contra Central Norte, no es por alabarme, pero todas las veces les hice goles. Jugar contra Central Norte a veces para ambos era como salvar el año, gané muchas veces y también me tocó perder.

¿Tuvo algunos encontronazos en los clásicos?
No era de sobrar a los jugadores, yo hacía goles y le gritaba los goles a mi hinchada. A algunos les gustaba el roce, a mí no.

¿Qué compañeros recuerda?
Cuando debuté en Juventud estaban Iñíguez, el Negro Laguna y Cárdenas, el Chato Gonzalo y Colo Albornoz. Taritolay, Pichichu Colque y Aniceto Roldán, Piraña, yo y José Luis Miranda. Después vino el eléctrico Fernández.

¿Le costó ganarse el puesto?
Antes estaba el Flaco Rico como delantero, después le hice el puesto y no jugó más arriba.

¿Y usted a quien le dejó su legado en Juventud?
Todavía no hay un nueve en Juventud como yo, la gente me ve en la calle, me para y me dice: "Ardilla volvé, no hay quien haga goles".

Se tuvo que retirar en su mejor momento en el fútbol. ¿A qué se dedicó después?
Yo jugué hasta los 27 años, me retiré porque el fútbol no era rentable, yo me casé y nació mi hija mayor. Tenía que parar la ollita y no era que iba a vivir del fútbol. Trabajé de chofer, de tachero. Actualmente estoy trabajando en el Corralón San Roque, tengo un patrón que es un pan de Dios, estaré ahí hasta que me jubilé, je.

¿Sos hincha de Juventud?
Mi papá era socio de Juventud y yo era hincha antes de ser jugador. Mi mamá me seguía a todos lados, era brava doña Angelita, siempre me seguía. A veces me puteaban y se enojaba, no le gustaba ir a la platea. Me hacía llamar con el utilero para hacerla pasar a la popular.

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