¿Es tan difícil agarrar un voto, chequearlo bien y ponerlo en la urna? ¿Tan difícil es? Alguien quiso boicotear la asamblea, la elección y esto está casi tan claro que el agua. Analizando la previa, llena de sospechas por amenazas, presiones, por supuestas compras de votos por parte de Segura, según la denuncia que se radicó en los tribunales porteños, el que quedó expuesto es, sin dudas, el actual presidente de la AFA. Y analicemos más. Daniel Angelici, quien públicamente dijo estar de lado oficialista, pidió votar a mano alzada luego de del bochornoso empate en 38 votos y con un nutrido grupo de barrabrava a su espaldas, presenciando todo en el recinto como para marcar y poner al descubierto al que realmente quería cambiar su voto. Esto no lo dice nadie porque el miedo es tan grande desde que Julio Grondona se perpetuó en el poder. Esto es más de su legado. Y analicemos más: Segura cultivó su trayectoria al lado de Don Julio, quien quedó implicado en la mega causa de la corrupción de la FIFA, y al lado de José Meiszner, a quien ahora pidieron detener. Entonces, todas las sospechas recaen en Segura. Encima, después del escandaloso desenlace de la elección dijo: "Bueno, ahora veamos si podemos unificar las listas", palabras más, palabra menos. O sea, ¿quiere seguir a toda costa?
Y Marcelo Tinelli, quien tampoco garantiza la transparencia pero que en este mambo es claramente el cambio entre los dos candidatos, se mostró atónico al igual que los miles de argentinos que siguieron paso a paso la asamblea.
Párrafo aparte para los que debían realizar el recuento. Impresentables. Cómo no poder identificar 75 papelitos.
Nunca se sabrá en realidad quién se equivocó "sin querer" o quiso realmente voltear la elección, pero de algo estamos seguros: la clase dirigencial se refleja en el golpeado fútbol argentino con árbitros sospechados, con la violencia a más a no poder y con contratos pocos claros.

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