"Poderoso el chiquitín" era el slogan de Koh-i-noor, el secarropas centrífugo que marcó una época hace 25 años. De ahí surge la comparación que hace un Manu Ginóbili exultante tras la victoria en el clásico ante Brasil por 111-107. El Koh-i-noor es Facundo Campazzo , una de las figuras del partido. Desde su metro setenta y nueve (centímetro más, centímetro menos, según él prefiera a la hora de decir su altura), fue uno de los líderes de la remontada en el Arena Carioca 1 y complementó el gran trabajo de Andrés Nocioni . Fueron el corazón y la potencia. Los superhéroes de una tarde histórica en Río 2016.

"Teníamos que ganar hoy después del desgaste que hicimos. Un motor nos mantuvo en juego y fueron Nocioni y Campazzo. Necesitábamos un corazón como el de Chapu. Lo que hicieron ellos dos fue memorable. 70 puntos son difíciles de lograr y, encima, nos dieron la victoria. Hay que hacerle una estatua a Chapu. Muchas veces lo querés matar, pero su temperamento es lo que le da lo que hizo hoy. Chapu es un bicho muy especial. Debe ser uno de los últimos ejemplares. Y junto al Koh-i-noor nos dieron una victoria fundamental y memorable", señaló Ginóbili, en la atención a la prensa en la zona mixta.

Por su parte, Nocioni definió el partido como "emocionante" y destacó que "no sólo sirve para lo numérico, sino que también para lo espiritual". "Era el partido que teníamos que ganar", sentenció.

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