Sin el mejor jugador del momento y, ahora, sin entrenador. La Selección argentina, que paradójicamente es la número 1 del ranking FIFA, sigue derramando sangre tras el enojo de su jugador emblema y la tercera final perdida de manera consecutiva. Esta vez, por la inoperancia de los dirigentes de la AFA. Lacerante.
El Tata Martino argumentó su retiro a causa de los caprichosos clubes europeos que no quieren ceder a los chicos para los Juegos Olímpicos, lo que demanda una revisión del tema por parte de la FIFA. Pero si los de acá no quieren prestar los jugadores, nada se puede esperar fronteras para afuera. Estos mismos dirigentes que causaron la mayor vergüenza del fútbol argentino son los que complotaron con el egoísmo. Un fiel ejemplo del individualismo. La desidia misma acorraló al técnico. Lo que buscan es solo el bien de sus clubes con economías fundidas por sobre el objetivo colectivo que representa una selección. Desde la escandalosa puja eleccionaria entre Tinelli y Segura, estuvieron más preocupados en tapar sus fracasadas gestiones administrativas y en borrar sus arcas rotas y vacías que procurar la comodidad de un equipo que representa a la nación. Con lo que el fútbol significa para este país.
Martino no tendrá un banderazo en su apoyo porque, más allá de su razonable renuncia, tampoco colmó las expectativas de una masa futbolera cuya exquisitez se acentúa cada vez más. Pero bien lo comunicó él mismo: se va también porque las indecisiones y la falta de autoridad en la AFA van a contramano de lo que la Selección necesita. Amén de los sueldos que le deben al entrenador, no hubo sparring para entrenar en los Estados Unidos, la desinteligencia de vuelos y hoteles rebalsaron la paciencia y sí reventó el jugador más significativo de la Selección, de ahí para abajo puede reventar cualquiera. Y eso pasó.

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