La salteña Alicia Calderón se consagró en marzo pasado campeona nacional de boxeo.
Siete hijos y una vida difícil no le impidieron dejar a Salta en lo más alto del podio en el cuadrilátero.
El boxeo, ese deporte apasionante que cosecha miles de victorias y derrotas, deja historias tan diferentes como sorprendentes. Y Alicia, una joven madre de 33 años, logró darle el golpe más contundente al fracaso.
Obtuvo en marzo pasado el Campeonato Argentino de Boxeo Femenino Amateur, mientras que a su vez peleaba en la vida para que su esposo, su madre y sus siete hijos no sean uno más en la jungla de cemento.
Pero lo cierto es que la fuerza de sus puños y la del corazón de madre van de la mano. En el ring solo piensa en ganar; fuera de él, también. Arriba es rudeza y frialdad de acero. En casa, una rosa que florece día a día de amor y cariño por los suyos.
Y en una vivienda precaria, piso de tierra, techo de chapa y un mantel inmaculado con un equipo de mate que contrasta con su vida difícil, le abrió sus puertas a Alentandooo.com en uno de los asentamientos de villa Costanera.
La vida es dura para Alicia, pero está convencida que no debe bajar los brazos, porque aún espera dar su mejor golpe en la vida y demostrar que no nació para perder. Lleva el espíritu del boxeo impregnado en su ser y así se abre camino en un deporte duro.

¿Por qué decidiste dedicarte al boxeo?
Desde chiquita me gustó el boxeo y cuando tuve la oportunidad de estar en un ring no la desaproveché. Comencé a pelear a los 29 y quiero combatir de manera profesional. Mi primera pelea fue en 2011 con la "Mecha" Soria, y perdí en el campeonato provincial.

¿A quién representabas en tus comienzos?
Yo estuve en el gimnasio de la Mole Moli durante tres años. Cuando cerró me pasé al club San Martín y quedé bajo la supervisión del profesor Cristian Choque, que es quien me llevó a ganar el campeonato nacional y con quien entreno siempre. Todo un maestro del boxeo. También quiero agradecerle al profesor Adrián Ríos, que también me preparó para el torneo nacional.

¿Quién es tu ídolo?
La "Tigresa" Marcela Acuña fue siempre mi ídola, e inclusive estuve con ella en un viaje a Tartagal. Yo había viajado con Yésica "La Tuti" Bopp, quien fue a hacer una exhibición con la boxeadora local la "Chueca" Fernández. Allí conocí a la "Tigresa" y además estuvimos con otras profesoras. En esa oportunidad me tocó pelear con una "Bomba asesina" y le gané, pero me sorprendió Acuña como persona y como peleadora.

¿Qué sentiste cuando fuiste campeona?
Fue hermoso. (Unas lágrimas invaden sus ojos). Cuando salí campeona nacional sentí una alegría tan grande que hasta hoy la siento. Sobre todo por mis hijos y mi familia, que siempre me apoyaron.

¿Quién te acompaña en cada pelea?
Todos. Mi esposo, mi madre, mis hijos (Sebastián, Florencia, Rodrigo, Leo, Priscila, Sebastián y Laura) y también mis amigos. Todos festejan, pero también todos sufren cuando estoy arriba del ring.

¿Cuál es tu rutina de entrenamiento?
Salgo a correr todas las mañanas muy temprano junto a mi esposo y alguna amiga. La meta, después de varios kilómetros, es el aeropuerto. Pero a la tarde, y luego de compartir el almuerzo con mi familia, vuelvo a la rutina del gimnasio. A las 15 comienzo el entrenamiento diario y si las inclemencias climáticas no me lo permiten, en casa tengo la bolsa y los guantines, que me permiten seguir en actividad.

¿Y si no fueras boxeadora, cuál hubiera sido tu destino?
Creo que no sería nada. Si bien me gusta jugar a la pelota, sentía que el boxeo era parte de mi vida.

¿Cuáles son tus sueños en la disciplina?
Mi sueño es ser profesional en el boxeo y también policía. Sigo estudiando en la escuela de villa Primavera y estoy terminando la primaria. También me gustaría conocer Buenos Aires.

¿Y un sueño para hoy?
Es tener un comedor o un merendero, porque hay muchos chicos en la zona que no tienen ni siquiera un plato de comida. Es muy triste lo que pasa, pero es real.
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