Un verdadero marino en medio de las tormentas. Fue limpiavidrios, vendedor callejero y albañil, pero nunca renunció a sus metas, hasta que comenzó a ver sus frutos. Miguel Ángel Salazar, acaba de debutar exitosamente en el boxeo profesional y con esos mismos puños que forjó sus triunfos construyó su propia casa del barrio Unión, donde vive junto a su familia. Una historia dura, que marca un gran ejemplo en la barriada.

¿Cómo fue y es tu vida de boxeador?

Fue muy dura. Solo los vecinos nos daban una mano grande, como por ejemplo doña Margot. Hacíamos rifas, vendíamos empanadas para poder viajar afuera a competir. Ahora comenzó a verse el apoyo, principalmente de la prensa que me hizo conocer más. Es bueno porque es difícil hacerse conocido de un día para otro.

¿Cuál fue tu reacción al ganar el sudamericano en Chile?

La verdad que fue hermoso, pero en realidad me lo venía imaginando, por el esfuerzo que estaba realizando. Todos los días me iba hasta el cerro San Bernardo y después venía a entrenar en el gimnasio. Siempre entrenando. La primera pelea fue dura, contra un boxeador de Antofagasta, pero logré vencerlo en el segundo.

¿Ya los conocías a los contrincantes?

No. No los conocía. De todos modos, lo mejor fue que durante la pelea tuve mucho apoyo del público local, que me alentaba y aplaudía en cada avance. Además, le gane en el segundo asalto. Después también tuve una pelea dura con un peruano, pero me levanté de los golpes y saqué fuerzas para lograr derrotarlo en el tercer round.

¿Tu debut profesional?

El debut profesional fue bueno porque salió una excelente pelea, ninguno de los dos nos guardamos nada. Fue una pelea dura porque él tenía varias peleas y conocía el ambiente. Y salió bien porque, al margen de que gane o pierda, quería que la pelea salga bien. Y es bueno, porque hasta en Salta necesitamos buenos espectáculos.

¿Hay buenos boxeadores en la provincia?

Sí. En Salta hay excelentes boxeadores, pocos, pero buenos. El problema es que si el boxeo tuviera más apoyo de los empresarios o el Gobierno, quizás en este momento tendríamos algún campeón nacional. Tomando en cuenta que Ricky Santillán es de Tartagal, en la capital falta un campeón. Por ejemplo el Potro Abregú es tucumano, aunque él lleve a Salta en el corazón y diga que es salteño.

¿Un ídolo?

Maravilla Martínez, por el esfuerzo que ha hecho para llegar hasta donde llegó. No le fue nada fácil. Mendigó para comer mientras ocupaba parte del tiempo para entrenar. Yo creo que lo que él vivió es un reflejo de mi vida. Además, es un gran ejemplo. No toma ni fuma y ni siquiera insulta cuando habla de alguien. Todo lo dice con mucho respeto.

¿Y tu infancia?

Fue triste, dura y buena a la vez. Mi viejo no tenía trabajo. Cuando no había para comer la pasamos feo (las lágrimas lo invaden). Él tenía que salir todas las noches a vender maní para poder tener un plato de comida. A veces le robaban y había que comenzar de cero, en medio de una impotencia que no te dejaba pensar. De allí conocí a un par de amigos que me propusieron limpiar vidrios. Cuando tenía 17 años, un gran amigo como Joel Cruz me empujó para que comenzara a hacer boxeo.

¿Y si no fueras boxeador...?

Uy, que pregunta difícil de contestar. Creo que mi vida pasa por el boxeo y siempre lo hizo hasta que comencé a cosechar los frutos de tanto esfuerzo. Tal vez si no hubiera hecho boxeo seguiría con las grandes enseñanzas de mi padre y sería albañil. Cuando fui chico, como muchos otros de mi edad, hice un poco de fútbol, pero no era para mí.

UN CONTRASTE EJEMPLAR
Verónica, su esposa, asegura que Miguel es de carácter calmado, muy calmado, que contrarresta al perfil de un boxeador. "A mí mucho no me gustaba la idea, por el deporte mismo, en donde recibe muchos golpes, pero después lo acepté. Una sola vez lo fui a ver. Estaba embarazada del mayor y me puse demasiado nerviosa. La última pelea estuve muy nerviosa, porque siempre nos mensajeamos, inclusive minutos antes de pelear y esa noche no lo hicimos. Somos muy compañeros. Y en la madrugada de la pelea, cuando eran las 2 de la mañana y no llegaba estaba muy desesperaba, pero también sabía que no lo podía molestar. Cuando llegó nos abrazamos y lloramos juntos de alegría por su primer triunfo profesional", contó.
Miguel Ángel "Topo" Salazar tiene dos pequeños hijos: Benjamín de 6 años y Tomasito, que cumple 2 años en diciembre próximo.
Pero viene la "frutilla del postre". Su esposa está embarazada de seis meses y esperan para febrero próximo a Valentina.

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