La pasión y el color que los hinchas de Boca le pusieron a la Bombonera, como en cualquier partido, pero aún más en un Superclásico, fue lo más atractivo de un partido chato y sin vuelo en el que Boca y River quedaron en deuda teniendo en cuenta lo que ofrecieron en la previa.
Esta vez no hubo lluvia ni malas condiciones del campo de juego que pudiera servir como argumento, sino que todo se circunscribió a las falencias de los dos conjuntos.

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