A Jorge Monroy el golf no lo abandona. No se abandonan mutuamente. El flamante ganador del 50 Abierto del Norte alguna vez tuvo que trabajar de albañil y jardinero para poder parar la hoya, aunque lo que más quiere es respirar el aire de los greens.
Monroy encierra una de esas tantas historias de desigualdades, lucha y sacrificio en el deporte. Y en el Salta Polo volvió a demostrar que la condición social no es un límite. No lo fue para él, como en el 2010, cuando ganó por primera vez este certamen su tierra natal.
Monroy se emocionó en la entrega de premios, se lo dedicó a la familia, resaltó la compañía de su hijo y luego de los premios recibidos prometió volver (ver página 16).
El tucumano relató en diálogo con El Tribuno sus sensaciones, de principio a fin. "No esperaba esto, sobre todo por el arranque malo que tuve en el primer día, pero tampoco había perdido la esperanza, practiqué mucho, y veo esto ahora y la verdad no lo puedo creer".
El Nº 5 del ranking nacional (Tour Profesional Argentino) siguió recordando: "El segundo día jugué muy bien, me recuperé y fue como un empujón". Monroy también describió "nervios" al llegar al hoyo 18 y ver que el podio era un hecho y, tal vez, el primer lugar.
"Sentí muchos nervios, después me entero del play-off, mandé un par de mensajitos a mi señora, a la familia para sentir tranquilidad", dijo y agregó: "Ganarle a Cabrera fue increíble. Salí con él el sábado y fue una sensación tremenda; verlo jugar así te da una motivación muy grande".

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