Néstor “Motoneta” Gómez es hoy parte de una raza en extinción en el fútbol salteño, de una estirpe perdida en el tiempo y que hoy se añora y se extraña, de una camada invaluable e irrepetible de jugadores salteños que brillaban en las portadas nacionales y se ganaron el respeto en la gran urbe. Fue un wing derecho explosivo que supo ganarse su apodo por su romance con el dominio de pelota en velocidad y por su recordada ligereza por los extremos. Plenamente identificado con el memorable Juventud Antoniana que consiguió su ascenso al Nacional en 1971, pero cuyo talento también lo llevó a pasear su fútbol por Altos Hornos Zapla, Atlético Tucumán, Gimnasia y Esgrima, Estudiantes de La Plata, Independiente Rivadavia de Mendoza, entre otros. Por culpa de una fatídica lesión de tibia y peroné no pudo jugar en Boca, club que después de su paso exitoso por el decano lo tenía prácticamente comprado. Fue tapa de El Gráfico en aquellos dorados años ’70 y uno de los privilegiados en enfrentar a un tal Diego Armando Maradona, por entonces crack en potencia de Argentinos Juniors, vistiendo la camiseta del pincha. ‘Ya por ese entonces se veía que era de otro planeta, que estaba varios cuerpos por encima de cualquiera de nosotros, nos tocó sufrirlo con un gol de tiro libre‘, recordó al Diego.

¿Qué le dejó el fútbol en tantos años de carrera?
El fútbol en la parte económica me dejó muy poco, en la época que yo jugaba prácticamente no se ganaba nada a comparación con los valores de ahora. En mi época se jugaba por la camiseta, la camada de aquel entonces que jugó conmigo en Juventud vivíamos en la calle San Juan, en una pensión y la mayoría éramos del interior. Vivíamos nueve jugadores amontonados en una pieza, hoy en día cada jugador que viene de afuera tiene departamento propio y todas las comodidades. Igual, no me quejo. No nos faltaba nada, nos ayudábamos entre todos. El fútbol me dejó grandes amigos, hizo que hoy muchos me reconozcan en el barrio. Dejé grandes amistades en todos los equipos que fui a jugar. Yo venía de Ledesma, en ese tiempo en Ledesma jugué en el club Huracán con el papá del Burrito Ortega.

¿Qué representa Juventud para usted?
Estaré toda mi vida agradecido a Juventud, porque gracias a ese club pude salir del pueblo, me dio la posibilidad de hacerme conocido y que sea el trampolín para luego jugar en otros clubes grandes. Los dirigentes de esa época eran unos fenómeno, como Alurralde, Mazziarelli, una época en la que los dirigentes salteños eran ejemplo.

Para las generaciones, como la mía, que no lo vieron jugar, ¿quién fue Motoneta Gómez?
Era el clásico número 7, el famoso wing derecho que hoy está en extinción. Yo en Huracán de Ledesma jugué de 8, pero cuando me trajo Marcial Acosta a Juventud me probaron y me hicieron debutar de wing derecho, no me moví más de ese puesto. Yo era un wing rápido de mucha velocidad, eso lo reconozco. Siempre me sacan a relucir aquel don que tenía en la cancha. Yo donde fui no dejé mal recuerdo y dejé todo, hice el honor al apodo. Cuando me compró Atlético Tucumán me rompí tibia y peroné cuando estuve prácticamente vendido a Boca. Fue una gran frustración, estuve 7 u 8 meses para recuperarme. Fue mi gran cuenta pendiente, no haber jugado en un equipo grande por esa lesión. Estando en Atlético luego me prestaron a Estudiantes de La Plata, luego en Independiente Rivadavia. Soy un agradecido al fútbol por los amigos que me dejó desparramados por todo el país.

Para el que sí lo vio jugar, la pregunta resulta un tanto obvia. ¿De dónde proviene el apodo Motoneta?
Al apodo me lo puso aquel recordado periodista fallecido, el Gordo Plaza, padre de Sergio Plaza por mi velocidad en la cancha, todos decían que cuando yo arrancaba era imposible pararme. Me quedó tan marcado a fuego lo de Motoneta, con decirte que hasta el día de hoy a mi hijo, quien también tuvo que dejar el fútbol por una lesión, le dicen ‘Motonetita‘.

¿Cuál fue el mejor equipo que usted integró o el que mejor recuerda?
La gente me emparenta mucho con aquel equipo de Juventud del ’71 que consiguió el ascenso. Tuvimos un gran equipo, con un espíritu amateur increíble y con hambre de gloria, jugábamos todos por la camiseta. Pero para mí el mejor equipo que integré fue el de Altos Hornos Zapla en 1974. Éramos todos profesionales por aquel entonces, estábamos muy bien parados, jugábamos de memoria, muchos ya éramos consagrados.

Hablamos de una época en la que el fútbol regional era muy fuerte a nivel nacional...
Si, éramos potencia en el norte y le hacíamos fuerza a los grandes de la Capital. También por aquellos años eran muy fuertes Central Norte y los equipos tucumanos. Daba gusto ver jugar a aquel Zapla, como así también a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Ledesma.

Muchos rememoran con nostalgia a una dupla de ataque que no volvió a repetirse en el fútbol salteño, como la que usted conformó con el Loco Muñiz en Juventud. ¿Qué recuerda de ese entonces?
Con el Loco jugábamos de memoria. Fue tan potente aquella dupla que conformamos en Juventud que luego nos fuimos juntos a jugar a Gimnasia y Esgrima de La Plata y de ahí nos fuimos los dos a Zapla. Jugamos mucho tiempo juntos. Después de Zapla, el fútbol nos separó: yo me fui a Atlético Tucumán y él a Colón de Santa Fe. El Loco era un personaje, un gran jugador. Yo sabía que su fuerte era el cabezazo, así que yo a él lo buscaba cada que desbordaba, porque él las ganaba a todas arriba, era muy fácil lucirse con un jugador como él. Ambos nos potenciábamos en cancha. Aparte fue un muy buen compañero y hasta el día de hoy nos visitamos. En aquella época Juventud tenía un equipo irrepetible. Además estaban Pancacho Lescano, el Chato Ferreira, el Chanco Cárdenas, el Negro Laguna, Pachao. Era una época en la que no existían los equipos cortos, en Juventud teníamos dos equipos de primera línea y sobraban las variantes, no como ahora, que uno se lesiona y es difícil reemplazarlo. Estaban además el Gallego Parra, el Negro Palavecino; éstos dos últimos con Luñiz, había tres 9 que el técnico no sabía a quién poner.

Cuénteme de aquel gol memorable que usted convirtió con la nuca en Catamarca, allí donde Juventud terminó obteniendo el ascenso en 1971...
Lo recuerdo muy bien. Hace algunos años pasó en Buenos Aires en un Superclásico (el gol de Hugo Romeo Guerra a River en 1996). Aquella vez le ganamos 3 a 0 a Sarmiento y dimos la vuelta. Teníamos una racha en la que nos salían todas. Me acuerdo que el arquero de ellos hizo un saque de arco, nosotros teníamos viento a favor y se jugaba el segundo tiempo; en el primer tiempo al viento a favor lo tenían ellos. Laguna me tiró un pase largo, la pelota picó y se fue a las manos del arquero. Me dí vuelta, llegué al área grande y de repente sentí como un naranjazo violento en la nuca, segundos después escuché el grito unánime de gol y yo no entendía nada. Terminó siendo un gol histórico, pero producto de la casualidad. Fui el último en enterarme del gol, fue insólito porque encima se metió en el ángulo. Muchos me lo recuerdan. En esa final nos acompañó una cantidad impresionante de hinchas de Juventud que llegaron en caravana, se había despertado una gran expectativa. En un momento se dijo que hasta hinchas de Central Norte fue a apoyarnos, cosa de la cual no estoy tan seguro. Pero sí salían colectivos en cantidad a dónde jugáramos, sea Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Chaco. Era impresionante la cantidad de gente. Había que subir la cuesta del Totoral en esos tiempos para ir a Catamarca, los colectivos quedaban colgados, era un peligro.

El fútbol en esos tiempos era pasión genuina. Ahora, a la distancia, ¿qué siente cuando ve que está tan viciado con la violencia?
Con los problemas que hay ahora sería imposible que Juventud o cualquier equipo de Salta acompañe en forma multitudinaria en una definición por un ascenso, con la restricción a los visitantes. La gente pierde el entusiasmo porque los violentos la alejan de la cancha. Yo, particularmente, voy muy poco a verlo a Juventud, porque no tengo tiempo, trabajo toda la semana y los fines de semana aprovecho para distraerme en el campo y la paso con mi familia. Además, la violencia le quita las ganas a uno de ir a la cancha. Y por otro lado, sufro mucho como hincha. Antes era otra cosa, los hinchas eran hinchas.

¿Le resulta incomprensible que se jueguen clásicos hasta con cuatro hinchadas diferentes en cancha? ¿Qué opina de las internas y las divisiones absurdas de los mal llamados hinchas?
No entiendo cuál es el problema, me resulta incomprensible que en Salta pase esto. No sé por qué permiten eso, será cuestiones de intereses económicos. Y los dirigentes lo pagan, porque, o le das a uno y al otro no, o no le das a ninguno. Después te caen al club y te lo rompen, o pueden atentar contra tu vida. Es una locura. Da tristeza ver a los hinchas de Juventud peleándose entre ellos. Antes eso no se veía, era una sola masa que apoyaba a los colores. También pasa en Central Norte. La familia dejó de ir a la cancha, yo no puedo llevar a mi familia. Hoy si no es la hinchada, es la Policía que reprime, no podés ni llevar a tu hijo.

¿Qué conoce hoy del fútbol salteño?
Voy poco a la cancha y a Juventud siempre que voy, sufro. Ahora dicen que está jugando bien y que tiene un equipo como para ascender, ojalá que lo logre. No va a faltar oportunidad para que vaya a la cancha, capaz que si sigue ganando me entusiasmo y voy (risas). Me causa mucha alegría que me digan que el equipo está sólido. Escucho los partidos por la radio, leo el diario. Mi hijo y mi nieto van a la cancha. Mi nieto se llama Tomás Garay, juega en las inferiores de Juventud de volante. A él le gusta jugar de 7, como yo, pero él es más volante, tiene temperamento. Ahora se quiere cambiar de club porque ve que no les dan muchas chances. Los jugadores salteños que surjen, caso Oscar Domínguez, de ahí no pasan y se desmoralizan.

¿Era muy diferente el jugador de antes y el de ahora? Tanto adentro como afuera de una cancha.
Antes se jugaba al fútbol, se disfrutaba más. Hoy en día todo es fuerza y velocidad. Antes no era tan físico el fútbol, a los jugadores habilidosos se los veía, se hacían notar. Hoy todo es fuerza y mala intención, así le pasó el otro día al delantero de San Martín de San Juan (la lesión de Agustín Orión a Carlos Bueno). Hay mala in tención en las divididas. Antes te pegaban, pero ahora te pegan hasta sin pelota, de atrás de costado. Eso pasa en la Primera y mucho más en un Argentino A. Y eso es un mal espejo para los chicos, hoy hasta en las inferiores se juega fuerte y los chicos ven que hasta sus padres se agarran a trompadas entre ellos, es una locura.

¿Por qué considera que hoy es tan difícil promover jugadores locales y el valor de aquí tiene tan escasa identidad en nuestro fútbol?
Es el escaso interés, la poca importancia que los dirigentes y los técnicos le dan a los jugadores de aquí y al del interior. No le dan esa oportunidad que realmente se merece el chico salteño. Traen muchos refuerzos de afuera porque hacen la fácil, traer jugadores ya hechos y formados en vez de apostar en la formación de los nuestros. Los jugadores de acá en un momento se desaniman al ver cómo funciona esto. En mi época de Juventud, cuando nosotros clasificamos para el Regional, los dirigentes trajeron cuatro jugadores de las inferiores de River que ganaban bien, siendo que nosotros no cobrábamos ni sueldo. Ninguno de ellos le ataba los botines a los nuestros, pero nos esforzábamos el doble para demostrar que éramos mejores. Nosotros, con el Loco Luñiz, terminábamos las prácticas y nos quedábamos a pelotear, a mejorar la técnica, nos quedábamos después de hora, nos matábamos. Yo siempre tuve esa conducta, después cuando pasé a Gimnasia y Esgrima de La Plata me quedaba después de los entrenamientos a pelotearlo durante horas al gran Hugo ‘Loco‘ Gatti. El Loco era un personaje, una excelente persona, revolucionó el arco.

¿Cuánto hay de cierto y cuánto de trillado en la frase de que antes se jugaba más ‘por el amor al fútbol y a la camiseta‘?
Hoy es muy común, también en Salta, que jugadores pasen de Central Norte a Juventud, o viceversa, como si nada. Antes eso era imperdonable y estaba prohibido. O eras de Juventud o de Central, sino tenías que cambiarte de barrio o de ciudad. Hoy la plata, el pasar económico, es la prioridad para un jugador, porque además viven de eso. Hoy cada jugador tiene su pase además y puede decidir. Yo, por ejemplo, nunca tuve el pase en mi poder y los clubes decidían.

¿Hoy ve en el fútbol salteño algún jugador que se asemeje a usted, con el que pueda identificarse?
No veo que haya jugadores de mis características, además porque el fútbol de hoy prácticamente se juega sin wings. El wing se tira al medio, baja, por ahí se proyecta más el 4. Está Marquitos de Navarro, que es más 10. Los jugadores salteños tienen un techo, no llegan más allá. Hay jugadores con proyección, pero los tienen en el freezer y ni los venden, entonces el jugador en muchos casos se siente marginado y se viene abajo. El jugador de hoy también se distrae más con otras cosas.

¿Los fracasos sistemáticos en la provincia le hicieron descreer del fútbol?
Si. Hoy nos conformamos con que, en una de esas, podamos tener un equipo de Salta en la B Nacional. Ojalá que Juventud lo logre. En Salta tenemos estructura y si ve un equipo que represente a Salta y que ilusione, la gente va a responder. Gimnasia y Esgrima de Jujuy desde hace años que se mantiene por lo menos en la B Nacional, pero hubo otra coherencia. Acá nunca vamos a llegar si se echa a un técnico en diez fechas. Si Juventud llegase a pelear instancias finales para ascender, voy a ser el primero en volver a la cancha. Hay que respaldar más a los jugadores que están acá, darle confianza a esta base y no traer tantos jugadores en caso de ascender.

¿Qué te pareció esta noticia?

Aparecen

Sección Editorial


Morganleo
Morganleo · Hace 18 meses

Rajá Gomez, ¿de cual de todas estas camisetas hablas cuando decis "amor por la camiseta": Altos Hornos Zapla, Atlético Tucumán, Gimnasia y Esgrima, Estudiantes de La Plata o Independiente Rivadavia de Mendoza entre otras tantas?

Comentá esta noticia