Mohamed Alí murió en una clínica de Phoenix (Arizona), en la que había ingresado por problemas respiratorios. La noticia la ha confirmado un portavoz de la familia y también ha pedido privacidad para estos momentos difíciles.Con la muerte de Muhammad Alí se apaga una de las más grandes leyendas del boxeo del Siglo XX.

Así escribió hace poco más de 5 años Osvaldo Principi sobre la pelea que enfrentó a Alí con nuestro Ringo, al cumplirse 40 años de ese episodio histórico del boxeo.

Aquel episodio de la medianoche del lunes 7 de diciembre de 1970 se transformó en un suceso fabuloso para el consumo pasional de los argentinos y su impacto histórico lo agigantó hacia dimensiones insospechadas. Acrecentadas, aún hoy, por un sinfín de fantasías que lo convierten en un cuento favorito de proezas populares.

La imagen ganadora de Muhammad Alí, con sus brazos en alto a modo de líder supremo, todopoderoso y lleno de vanidad, atraparon toda la atención de los flashes y las cámaras, inmortalizando a un Ringo Bonavena, caído por tercera vez en tapiz, a 57 segundos del final del match. Sin embargo, aquel físico de 92,500 kg., con contorno de gladiador romano rendido en la arena, se convirtió en un símbolo de rebeldía y guapeza desafiante de un objetivo que parecía invulnerable.

Las transmisiones radiales y televisivas de entonces, pendientes de los vientos, la lluvia y las interferencias, certificaban que la gran pelea del Madison Square Garden causaba una inmensa conmoción en el país; precedida por la llegada del hombre a la luna, el 20 de julio de 1969 y el anuncio escalofriante que anticipaba "el divorcio de Los Beatles", el 10 de abril de 1970.

La gestación, el desarrollo y el efecto del combate fue colosal. Y el país se rindió a su suerte.

Bonavena firmó el contrato en el hotel La Americana, de San Juan de Puerto Rico, a principios de septiembre; justo el día que su hijo Natalio dejaba los pañales. Una bolsa superior a 100.000 dólares fue el acuerdo. Defendía por sí sólo sus negocios y esta vez contó con la asesoría del puertorriqueño Martín Montaño, manager transitorio que con el tiempo traspasaría sus acciones al rufián Joe Conforte que, indirectamente, lo llevaría a la muerte, el 22 de mayo de 1976.

El pugilista de Parque Patricios era la renovada "esperanza blanca de los pesados", un valor al cobro, útil y creíble, en los años 70. Sus dos batallas ante Joe Frazier, en 1966 y 1968, y sus victorias sobre los Zora Folley y Leotis Martin, fortalecían sus posibilidades.

Alí volvió al boxeo el 26 de octubre de 1970 en Atlanta, Georgia. Convertido en un emblema de la paz; de la defensa de los derechos de la gente negra y en el vocero principal de "¡No a Vietnam!". Venció a Jerry Quarry por herida en tres rounds y su carrera tomó bríos hacia la reconquista del título mundial que había relegado en los Tribunales en 1967 por su negativa a participar de una guerra ajena a sus convicciones religiosas. A esta altura, Joe Frazier era el campeón mundial indiscutido.

Asistieron 19.417 espectadores al Madison y dejaron en taquilla 615.401 dólares.

La pelea, por el título norteamericano, fue sostenida y vibrante. Alí marcó el ritmo con sus piernas y su jab fue imparable para Ringo que, sin embargo, tenía puntería con su cross de izquierda. Muhammad sumaba ventajas por la precisión del "uno-dos" hasta llegar al noveno round; el que todos esperaban por la promesa que el bocón púgil de Louisville había anticipado: "Noquearé a Ringo en el noveno. Se burló de mi gente y me llamó Clay, mi nombre del pasado", dijo.

Ante el estupor de los asistentes, Bonavena, a puro cross de izquierda, conmovió a Alí y lo colgó del encordado en una situación dramática que puso al ex campeón mundial cerca del KO.

Alí había caído por un empellón en los primeros segundos de este asalto sin recibir cuenta del árbitro Mark Conn, que fue testigo de un intercambio de impactos electrizante en donde el argentino desbordó y se llevó la mejor parte. Pero no pudo rematar ni escribir la gran historia.

Alí supo enfriar la contienda y recomponer su línea sobre la base de una mejor condición atlética que resultó vital para prolongar la pelea hasta el 15° round. Y allí, gracias a su cross de izquierda, aprovechó la desesperación de Ringo por buscar el KO, derribándolo en tres oportunidades, con la complicidad de Conn, que jamás se atrevió a enviar a Muhammad a un rincón neutral luego de cada una de las caídas.

El épico traspié de Bonavena causó un sentimiento de orgullo absoluto, jamás expresado hacia Ringo hasta esos momentos.

Aquella pelea dejó una sensación de "dolor de alma" cuando Oscar besó la lona por última vez. Como si los golpes de Alí, secos y mortíferos, traspasaran su cuerpo y pegaran en el corazón de los argentinos; conmovidos por la misión de Ringo ante el deportista más importante del siglo que pasó.


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