"Si te cuento mi vida podés escribir un libro o hacer una película, me pasaron mil cosas, pero siempre le voy a estar agradecido al fútbol porque me abrió todas las puertas de la vida", comenzó diciendo Néstor Santiago Colque, aquel recordado crack de Juventud Antoniana de la década del 70, popularmente conocido como Pichichu.
"El fútbol fue para mí como una varita mágica y me tocó por primera vez en La Mendieta donde mi padre, que no sabía firmar ni leer, trabajaba en el campo, o en la cosecha, de sol a sol. Y muy chico, recuerdo, comencé a jugar al fútbol en una canchita de Arrayanal, rodeada de cañas de azúcar. Mi padre algunas veces me llevaba a que lo ayude y, en otras, me daba permiso para ir a jugar", rememora Pichichu.
Cuenta entonces que "ahí me vieron jugar y me llevaron a los baby fútbol de San Pedro. A los 14 años ya me ofrecían plata para jugar, sin saber lo que eso significaba, y un año después debuté en la primera de Río Grande de La Mendieta".
Hoy, jubilado, con tres hijos y ocho nietos, Pichichu Colque evoca que en 1965, cuando ya estaba por cumplir los 17, lo pidió Talleres de Perico como refuerzo para el Nacional de clubes que organizó Boca. "Fue cuando conocí Buenos Aires, fue cuando me di cuenta que podía vivir del fútbol. Tocado por esa varita me fui a Perico, donde no solo me dieron un trabajo, sino que me pagaban por jugar, además de tener una casa y todo gratis. No lo podía creer, mis viejos tampoco".
¿Y cómo llegaste a Juventud Antoniana?, le preguntamos. "Esa es otra historia linda de mi vida, quizás la más importante. Porque después de frustrarse la posibilidad de ir a jugar a Lanús, porque Río Grande y Talleres nunca se pusieron de acuerdo, a principios de 1970 apareció el señor Jorge que me propuso venir a Juventud", cuenta Pichichu. "Me dijo que me habían visto jugar en un cuadrangular en la que Talleres y Juventud disputaron la final. Ese día, me acuerdo, le metí dos tiros en las palos al santiagueño Iñíguez".
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Pichichu Colque, exjugador de Juventud Antoniana contó anécdotas

Y la película sigue, porque Pichichu evoca que Jorge lo trajo un viernes a Salta para que lo conozcan los dirigentes. "Había un asado y cuando llegamos pidió la palabra: 'aquí les traigo a Néstor Colque, lo que ustedes querían, eso sí, su pase vale 2.500.000 y el lunes tengo que entregar 500 mil, así que vayan juntando la plata'. En eso, recuerdo, se paró Santiago Del Pin y le entregó un cheque para que pague, después Hugo Paz se encargó de reunir los dos millones y así se concretó mi transferencia".
Cuenta que además de jugar al fútbol siempre le gustó trabajar, como lo hacía en Perico, así que cuando llegó a Juventud le consiguieron un puesto en el Ministerio de Bienestar Social. "Y solo por ser jugador de Juventud me hicieron rápidamente los papeles para que me otorgaran una vivienda en Ciudad del Milagro. Hacía poco que me había casado, hasta entonces vivía en una casa que me alquilaba el Pato Salvatierra. Mirá si el fútbol no fue generoso conmigo", resaltó.
¿Pero ese año casi no jugaste, tu explosión llegó recién en 1971, que pasó? "Pasó que antes de venir, Talleres me hizo curar mal un desgarro para que pueda jugar una final contra Gimnasia de Jujuy. Y me resentí apenas empecé a jugar en Juventud. Primero me hicieron revisar con el médico de Estudiantes de La Plata que vino a jugar un amistoso y luego con el médico de Boca Juniors, quien recomendó que me hicieran operar. La recuperación llevó tiempo y hasta se hablaba de que me iban a devolver. Menos mal que en 1971 hice una buena pretemporada y en ocasión del torneo Sol, Fútbol y Turismo me dieron la posibilidad de ser titular. Desde entonces no salí más del equipo hasta que me retiré en 1979".
Al comienzo eras un ocho clásico de la época, ¿quién te puso de cinco?, preguntamos a lo que Colque responde: "Fue el Gitano Juárez, que vino a dirigir a Juventud en el Nacional del 73 y cuando me vio jugar me dijo, vos sos cinco. A partir de allí no me sacaron más y eso que para los nacionales venían un montón de jugadores de todas partes y siempre traían un cinco".
Claro, especialmente en el fútbol, es difícil mantenerse tanto tiempo en un puesto, a lo que Pichichu aclaró: "Yo no era camarillero, no hacía trenzas, me entrenaba como loco y jugaba. Pero en ocasión de una finalísima contra Central Norte, el técnico probó en la semana con el Flaco Rico de cinco para ver si podía meter a Porcari, que había llegado hacía poco, en defensa. Entonces, me acuerdo, Choque, el Ardilla Rivero, el Zurdo Medina y otros, me dijeron que si el técnico me sacaba ellos no jugaban. Pero ante la magnitud del partido me mantuvo como titular y ese día jugué, quizás, el mejor partido de mi vida y encima le ganamos la finalísima a Central".
Raro escucharlo hablar tanto a Pichichu, porque como jugador siempre fue callado, poco mediático, reticente a las notas periodísticas, pese a que era una de las figuras de Juventud. Pero a la hora de evocar su carrera futbolística y a sus 67 años de edad se explayó como nunca lo hizo antes. Y eso que costó convencerlo para realizar esta nota.

  • Las frases
¿Por qué te pusieron Pichichu de apodo? "Me lo pusieron aquí en Salta, el ingenio popular de los hinchas que decían que yo andaba como un pichichu atrás de la pelota y, desde entonces, me quedó para siempre"

"En el servicio militar estuve en el Gral. Belgrano. Los soldados jugaban al fútbol en una canchita de baby y un día faltaba uno y me invitaron. Se sorprendieron, no sabían que jugaba en Primera. Desde ese día me ponían en todos los partidos".

¿Antes los jugadores se compraban un 0km, se buscaban una linda chica o salían de fiesta? "No, para nada, eran otros tiempos. Yo iba y volvía de los entrenamientos en bicicleta. Nos cuidábamos, no hacíamos esas cosas".

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