Como lo hizo su papa Keke en la temporada de 1892, el hombre de Mercedes aguantó las presiones y el juego del piloto británico y se consagró después de 11 años dentro de la Fórmula 1.
En el inicio de la última competencia del 2016, Hamilton y Rosberg mantenían el primer y segundo lugar. Los neumáticos superblandos fueron mucho para los Red Bull, que sufrieron en los primeros metros, ya que Max Verstappen hacía un trompo en la primera curva y perdía posiciones en el pelotón. Además Kimi Raikkonen superaba a Ricciardo y era tercero.
El andar del piloto británico no era el esperado después de parar en boxes, pero aguantaba su posición por delante de Verstapen y Rosberg. Luego, Rosberg se jugaba el título en un sobrepaso al límite sobre Verstappen.
La segunda ronda de paradas, dejaba a los dos Mercedes sin intercambiar posiciones pero detrás de Vettel, que alargó al máximo la vida de sus neumáticos.
El alemán se ponía bien de cerca del puntero, pero detrás de Rosberg venían como los bomberos Vettel y Verstappen. La parada del alemán de Ferrari lo acercó a Rosberg, pasando primero a Raikkonen y luego a Ricciardo para pegarse atrás del holandés.
Pero Rosberg con el chuchillo entre los dientes mantuvo la calma en el momento de mayor tensión de toda la temporada. Con Vettel y Verstappen buscándolo por todos lados, el alemán cruzó la bandera a cuadros en un grupo de cuatro coches que giraron muy cerca entre sí en las últimas cinco vueltas. Los sueños se cumplen 206 grandes premios después para el hijo de Keke, desde este domingo campeón del mundo de F1 2016.

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