¿Qué tiene Bilbao que no tenga Las Lajitas? Quizás 340 mil habitantes más. Pero en ambos lugares, Nicolás Fernández ya dejó la huella de un camino que parece no tener fin.
Desde el desaparecido San Antonio de Anta al actual Real Club Jolaseta del norte español solo pasaron seis años, y en comunicación telefónica con El Tribuno, el salteño cuenta sobre la rápida trayectoria que lleva desde que vio jugar a su hermana y la imitó.

¿Cuándo arrancó tu amor por el hockey?

Fue cuando tenía 12 años. Yo soy de Las Lajitas y arranqué por intermedio de mi hermana Micaela cuando fui a verla a entrenar en un club que se llamaba San Antonio y que ya no existe. La veía y decía que podía jugarlo.
En ese tiempo no había hockey para caballeros allá, pero yo quería comenzar. Un año después fue Beto Miranda y ahí arranqué.
Al principio agarré mal el palo, pero me gustaba. Le metí a full un año hasta que me llevó a jugar a Universitario. De ahí me agarró Richard Villalba y me llevó a jugar a Villa Mitre. A partir de ese momento, Mario Melián me acompañó y estuvo toda mi proyección desde que comencé en el Ciclón.
Luego me llamaron a jugar a Salta y de ahí me citaron al seleccionado nacional.

¿O séa que lo bueno que vivís hoy se lo debés a tu hermana?

Sí. Maca tiene 21 años y hasta el año pasado jugaba, pero quedó embarazada y me dio el mejor regalo de mi vida. Por suerte el bebé nació antes de que me vaya de Salta y así pude verlo y tenerlo en mis brazos.

¿Cómo se dio la oportunidad de irte a jugar a Europa?

Esta fue la primera vez que se me dio la posibilidad de venir a través de una amiga que se llama Sofía Viarengo y que hace dos años juega acá.
Hablando con ella y haciendo bromas, le dije: "Me quiero ir a jugar afuera", y me preguntó: "Che y qué tal si venís a mi club". Todo en joda. Le dije que si me gustaría e hizo los papeles y me contactó con el entrenador.
Después el me dio el ok y me mandaron todo. Ahora disfrutó de lo que estoy viviendo.

Estuviste en el seleccionado nacional, como Gabriela Aguirre y ahora ella volvió, ¿soñás con regresar a Los Leones?

Lo de Gaby no lo dudé porque siempre fue buena jugadora y tenía que estar de nuevo, lo sentía y bueno, se dio.
Yo tuve la posibilidad de estar y vestir la camiseta argentina, pero para este Panamericano que viene en mayo no alcanzó para estar. Igual sigo trabajando y no bajo los brazos porque siento que voy a tener otra oportunidad de estar ahí de nuevo.
Uno nunca deja de soñar y de pensar que ese sueño se puede hacer realidad.

Los deportistas repiten siempre que los sueños son posibles, ¿vos creés que es realmente así o tienen que acompañar otras cuestiones?

A los chicos puedo decirles que luchen por sus sueños, que sigan adelante pese a algunos obstáculos, porque a mí me pasaron cosas. Por ejemplo: me vino un bajón cuando me enteré de que me dio diabetes, pero hay que saber levantarse. Yo tuve la ayuda de mi familia y amigos.
Hay que ponerle fuerza de voluntad y que no se olviden que el estudio tiene que acompañar al deporte. También hay que tener humildad, es lo principal en el deporte y en la vida. Tenemos que tenerla presente siempre.

Desde afuera, ¿cómo ves el hockey de Salta?

Al hockey salteño lo veo bien. Desde que me vine siempre dije que está en un buen nivel, solo falta entrenarlo y nada más.
Si te ponés las pilas y mentalizás lo que querés, yo creo que se puede mejorar. Hay material para hacerlo, porque hay con qué; hay entrenadores y solo hay que concientizarse. Hay que meterle para adelante. Eso sí, hay que ser responsable de lo que uno quiere y no es fácil, a mí a me costó mucho. Yo a veces, por ejemplo, quería salir con mis amigos y decía que no porque al otro día tenía entrenamiento.
La responsabilidad ya pasa por cada uno, mentalizarse en lo que uno quiere y aprovechar al máximo cuando te toca estar.

¿Cómo es tu vida en Bilbao, qué es lo que más extrañás de tu provincia?

Puede sonar gracioso, pero lo que más extrañó es el sol de allá. Lo que pasa es que hay poco sol en Bilbao y cuando sale, casi no se lo siente.
Tuve la oportunidad de ir a Barcelona y hubo sol, ahí sí se hizo sentir. Acá no se lo siente, entonces es lo que extraño. Obviamente también extraño mucho a mi familia y a los amigos del hockey. No fue fácil despegarme de ellos.
Es difícil estar lejos de mi mamá, sin que me haga la comida (risas), y encima ahora que mi hermana tuvo su hijo, extraño mucho a mi sobrinito.


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