Prometen portarse bien, engañan a todos, ponen en riesgo la integridad de las personas, de las familias y de los hinchas genuinos. Tienen de rehenes a los dirigentes y se creen importantes, sin darse cuenta que son lo más repulsivo y marginal de nuestro fútbol.
Los violentos volvieron a dar la nota anoche en el estadio Padre Martearena con enfrentamientos a golpes de puño en una de las tribunas populares.
Es que la violencia en Juventud parece no tener fin. Al principio, se intentó "parchar" un conflicto de raíces más profundas separando a las dos facciones de la barra.
Pero anoche, cuando promediaba el segundo tiempo, al parecer otra interna en la popular sur desató una gresca generalizada que, afortunadamente, no duró mucho.
Más de 5 mil personas se hicieron presentes y lo que debía ser una fiesta fue empañada por los violentos.

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