Gabriel Bonari es uno de los atletas que ha levantado la bandera de Salta en las mejores competencias de triatlón del mundo. Comenzó a hacer deporte para escapar del bullying y no paró hasta ganar el Mundial que se desarrolló recientemente en Chicago, Estados Unidos. Compitió en Santa Fe, también en Italia y ahora está de regresó en nuestra provincia, donde tiene el objetivo de devolver algo de lo mucho que recibió.

¿Contanos cómo fue eso de llegar a competir en un Mundial?
Decidir irme a un Mundial fue un proceso. Empecé en Salta y aquí trabajé la base con entrenadores locales. Y una vez que comencé a notar que Salta me quedaba medio chico apunté a nivel nacional. Lo que hice fue irme a vivir a Santa Fe y allí estuve un año, solo y al cien por ciento con el deporte. Ahí entrenaba con un equipo que era parte del seleccionado argentino y tenía un entrenador. Era un equipo con mucho nivel. Este es un deporte medio particular, muy amateur y entonces no te llama la atención como el fútbol. Participé en todos los campeonatos de Santa Fe, siempre a pulmón. A fines de 2012 me llaman de un equipo de Italia y me voy para Milán por dos años. A fines de 2014 regreso y entro a averiguar cómo estaba rankeado a nivel nacional y me veía en un Mundial. Con la experiencia que recogí en Italia le apunto al Mundial directamente. Me pude ir a Chicago con mi entrenadora y me fue rebién al quedar primero en mi categoría y 17º en la general.

¿Por qué decís que Salta te quedaba chica?
Al ser un deporte amateur no había nivel. Tampoco es un deporte muy barato, porque tiene un desarrollo en la parte de ciclismo, pagar una pileta, las zapatillas todo necesario para apuntar a tener un buen nivel. En Salta hay triatletas que le ponen la voluntad, pero en mi caso ya no me daba. Si quería crecer tenía que irme.

¿Qué le agregaste a tu perfil deportivo en Italia?
Italia me dio la experiencia internacional, estar a nivel profesional, pude vivir dos años por el deporte. Nunca me faltó nada, conocí el mundo gracias al equipo. Lo más importante fue la experiencia y compartir con gente que estuvo en Juegos Olímpicos o Mundiales.

¿Y tus próximos objetivos cuáles son?
Quiero ver si puedo clasificar para el segundo Mundial en Huatulco, México, que será en septiembre del 2016.

¿Pensaste en competir alguna vez en los Juegos Olímpicos?
Alguna vez se me cruzó por la cabeza, pero en este momento no pienso en eso. Ahora proyecto brindarle mi experiencia a los más chicos. A tan amplio espectro como unos Juegos Olímpicos no apuntaría.

¿De qué manera pensás devolver lo que Salta te dio?
Tengo un clínica deportiva que llamada El Deporte Nos Une y la estoy dando en Bolivia. Acá, en Salta, la hago más personalizada. En Bolivia estoy trabajando en La Paz y Santa Cruz, porque la gente necesita nutrirse de otras experiencias y personalidades y la Federación Boliviana me abrió las puertas. Estuve capacitando a atletas y entrenadores; lo que ellos quieren es tener un representante en los Panamericanos. Recién están creciendo pero tienen mucha iniciativa y se asemejan a Italia porque todos los equipos tienen sus sponsors. No es como en Salta que es una asociación y es más amplia, allá es más personalizado, y por eso creo que el desarrollo de Bolivia va a ser más rápido que en Argentina.

¿Cuáles considerás que son las claves de un triatleta?
En mi caso particular fue la constancia, el amor al deporte y la perseverancia. Si nos sos constante no llegás a ningún lado. No siempre sacás un triunfo, también hay fracasos y el fracaso te da el éxito en el futuro. Si no tenés amor por lo que hace no hay desarrollo, todo se estanca y se pudre.

¿Por qué te inclinaste por este deporte y no por el fútbol?
Para destacarte tenés que ser distinto al resto, no tenés que andar detrás de una pelota como todo el mundo. Esa fue una de las cosas que me llamaron la atención. Pero jugué al fútbol en Libertad y Juventud. Me di cuenta que era uno más del montón y siempre quise más. Yo me iba corriendo a jugar fútbol y volvía corriendo. Me iba en bici a Chachapoyas y a nadar a Gimnasia y Tiro, casi toda mi vida hice deporte. A los 17 años participé en el Biatlón de la Cumbre, me fue bien y dije quiero más.

¿También lo hiciste para salir del bullying?
Yo tenia doce años, pesaba 55 kilos, era muy chiquito y me pasó de todo. Salir del bullying fue el plus de despegue para el deporte. Vivía corriendo y me gustó tanto que lo usé para bien. En algunos casos se termina con drogas o suicidio; en mi caso pasé del bullying al Mundial. Hasta los 15 años sufrí en el barrio y la escuela. Esa fue la chispa que arrancó para el deporte. Lo usaba como escape. Eso me incentivo, pero caí en el exceso. Era un enfermo del deporte; salía a correr y vomitaba en el camino hasta que me agarró Patricio Witte como entrenador y toda esa energía que tenía me la encaminó. Para mí, él ya es parte de mi familia, me ayudó bastante al igual que María José Babot (entrenador de natación). Y también mi madre. Son las tres personas incondicionales que tengo.
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