Vio la luz en la localidad bonaerense de Remedios de Escalada, por eso lleva el potrero en la sangre. De jugar por plata en el barrio recaló en River a los 13 años, donde llegó a Primera y jugó al lado de “monstruos” como Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Reinaldo Merlo, Juan José López, Mario Kempes, Norberto Alonso y Ramón Díaz a principios de la década del ‘80. En 1985 llegó al norte, de donde no se fue más. Tras un breve paso por Atlético Ledesma y Central Norte, arribó a su “gran amor”, Gimnasia y Tiro, que lo adoptó como uno de sus máximos ídolos y donde consiguió dos ascensos. Aún es considerado uno de los mejores “10” en la constelación de idolatría de los albos. El Negro Alegre (54) habló de todo en diálogo con Alentandoo. Del pasado y de la angustia con la que vive el presente del fútbol salteño. Un Negro auténtico, en crudo y sin vueltas.

¿Cómo ves el fútbol salteño actual?
Fui a la cancha después de 6 años el domingo pasado para ver el clásico entre Gimnasia y Juventud y me llevé una desilusión con el nivel de los dos. Tenía miedo que tiren el drone que sobrevolaba la cancha, porque la pelota estuvo por los aires los 90 minutos, eran todos pelotazos. El fútbol de Salta está bajísimo. Si vos no le das bola a las inferiores vas muerto. Yo vine de afuera, hace 30 años vivo en Salta, gané cosas aquí, fue un orgullo y la gente de Salta me demuestra hasta hoy mucho cariño. Pero los jugadores que vienen de afuera ahora no se preocupan por brindarse para el equipo, no veo ese compromiso, no muestran hambre. Creo que me voy a morir y no voy a ver a un equipo de Salta ascender otra vez. Pero mientras los dirigentes no se pongan pilas, no saldrá el fútbol a flote.
De los once de Gimnasia solo están el Bocha Rodríguez y Fabio Giménez como salteños titulares. Yo a Fabio lo tuve en las inferiores de Gimnasia y jugaba de 10, luego lo vi jugando de 3 en Central Norte y me sorprendí. Para mí no siente la marca y tiene espíritu de 10, porque con la pelota sabe mucho y fue el mejor de Gimnasia en el clásico. Y el Bocha es fuerte, aguerrido. Cuando nosotros ascendimos a Primera nos trajeron una camionada de jugadores de afuera y terminamos jugando nosotros, los del club.

En corto plazo, ¿ves posibilidades de ascenso para los equipos de la provincia?
Cuando nosotros comenzamos no nos seguía nadie y luego comenzamos a ascender y nos seguía toda Salta. Sería lindo que Gimnasia, Juventud, Central Norte, que alguno llegue al Nacional B. En los viejos torneos del interior nosotros jugábamos diez veces con Gimnasia de Jujuy, cinco con los tucumanos. Yo digo, ¿estos muchachos no se cansan de estas categorías? Yo me hartaba de ver las mismas caras y quería ascender como sea. Sea quien sea, que ascienda al Nacional B. Para los mismos periodistas es cansador cubrir siempre lo mismo. Se olvidaron de las inferiores. Y si no miramos para abajo, estamos muertos. Para traer un jugador tenés que ir a verlo, hacerle un seguimiento. Te doy un ejemplo: cuando Vélez se llevó al Popeye Herrera en realidad lo vino a buscar a Fabián González, Bianchi lo quería. Luego de averiguar, se inclinaron por el Popeye, que era más disciplinado y prolijo con su vida.

¿Te hacés cargo del rótulo de ídolo de Gimnasia?
Para mí es un orgullo que los hinchas me reconozcan, pero decir ídolo es mucho, no me considero eso. Yo fui querido en Gimnasia. Fuimos importantes porque le dimos una satisfacción grande a la gente de Gimnasia y a Salta. El reconocimiento basta y sobra. Es lo mejor que te deja el fútbol, la satisfacción de que dejaste todo, te brindaste entero y la gente te lo reconozca. Hoy estoy viejo y me emociono mucho. Y que se reconozca a mis compañeros también, por el esfuerzo que hicimos todos. ¿Sabés las cosas que pasamos antes de ascender? Nos pagaban con bingos, que teníamos que vender. Recién nos dimos el gusto de comprar los primeros cero kilómetros cuando ascendimos a Primera. Teníamos hambre de gloria. Me puedo equivocar, pero yo no veo eso hoy. El día que dirija, mis jugadores van a jugar al fútbol, al que le pegue de punta para arriba lo saco. El domingo pasó eso, todos la revoleaban, en Gimnasia y en Juventud. Hay que parar la pelota y mirar, hacer la pausa. En la jugada del gol el defensor estaba durmiendo, por eso Gimnasia perdió el clásico. El fútbol es para vivos.

¿Qué técnicos te marcaron a lo largo de tu carrera?
En River tuve a Pedernera, que fue como mi viejo, me enseñó mucho. Luego Don Ángel Labruna, Di Stéfano, Ángel Zoff, Marcial Acosta, Aniceto Roldán, Federico Sacchi. Ricardo Rezza. Aprendí de todos. Marcial estaba adelantado a todos, fue el gran referente del fútbol del norte. Era menottista, le gustaba el buen fútbol, que sus equipos jueguen. Y yo soy de esa línea. Yo antes de ir a River jugaba en el barrio por plata, a los 13 años. Era potrero puro, de esos que ya no existen, por eso salen menos jugadores.

¿Qué recuerdos atesorás de tu paso por River?
Aprendí mucho. Era suplente del Chino Tapia en casi todas las inferiores. Yo entraba y hacía goles. Cuando llegué a sexta, Pedernera me subió sin jugar a la quinta, luego a tercera. Y el mismo Adolfo me subió a primera y me dijo: “¿así que te gusta jugar por guita? Ahora te quiero ver”. En la Primera de River estaban Saporitti, Pavone, Passarella, Héctor López, J.J. López, Merlo, Alonso, Pedro González, el Pelado Díaz y Comisso. Debuté en Córdoba contra Talleres, faltando diez minutos entré por el Pelado Díaz. Yo siempre fui de frente, decía las cosas en la cara, a los dirigentes mismos, por eso me respetaban mucho. Iba de frente. Pero en River ni hablaba, no decía una palabra con todos los monstruos que había, y ahí aprendí de la mano de Passarella, Alonso, J.J. López, Merlo, Kempes, Alzamendi, Tarantini, Gallego, el Negro Ortiz. Escuchaba mucho. Los que más pesaban eran Passarella y Fillol. Eran caudillos y respetados, venían de ser campeones del mundo.

Ustedes en Gimnasia se caracterizaban por ganar auténticas batallas en el campo de juego y afuera. Contame un poco de esa época...
Pasamos de todo. Cobrábamos a cuentagotas. Y cuando ascendimos a Primera llegaron Carlos Russo y el Loco Enrique, que como todo porteño quisieron hacer de menos al Coya Castellanos, a los jugadores de Salta. Yo saltaba a defenderlos. Yo nunca le falté el respeto a mis compañeros, nunca iba a putearlos. Y veo que hoy eso es común. Uno tiene que ser líder diciendo bien las cosas, puteando no se gana el liderazgo. En Gimnasia el capitán era el Popeye Herrera, pero a la última palabra la tenía yo. Después de una charla, el Popeye me preguntaba si yo estaba de acuerdo con lo que se decidía. Y si decía que no, se debatía otra vez. Antes era otra historia. No queríamos perder a nada, pero había respeto. Pero también pasé cosas lindas en Gimnasia. A los jugadores de hoy les falta hambre. Yo vine de Buenos Aires, estuve en Ledesma, San Martín, Gimnasia de Jujuy, The Trongest, Central Norte y dí todo en cada club que jugué aunque no gané nada. Y tuve la suerte de ascender con Gimnasia y Tiro. Yo soy mitad de Central Norte y mitad de Gimnasia. Al recuerdo del ascenso me lo llevaré hasta el día que me muera. Eso es lo más lindo del fútbol cuando dejás de jugar.

¿Cuáles son los partidos que más recordás, por lo épico, lo traumático o lo sublime?
Muchos. Jugábamos en cualquier lado. En cancha de Chicago nos emboscaron los hinchas, nos esperaron, hicieron un cordón. Nos comenzaron a sacudir. Esa fue brava. Cuando llegamos a Primera nos trajeron a Onaindia, Zalazar, Bidevich, Russo, Rogel, un montón. A todos ellos los trajeron los dirigentes, aunque le echaban la culpa a Victorio Cocco, él no los trajo, se lo impusieron, lo quisieron hacer cargo, los trajo un empresario conocido, de una concesionaria de autos. A Boca le pegamos un baile bárbaro en la Bombonera. Perdimos 2 a 0, yo les metí un tiro en el travesaño. Erramos muchos goles, les jugamos de igual a igual. Los árbitros eran muy localistas, Olivetto en cancha de River hizo jugar diez minutos más y nos echó a dos (Enrique y Amaya) y así nos ganó River. Olivetto no vino más a Salta. ¿Un partido memorable? contra Colón de Santa Fe cuando ganamos con mi gol de palomita, era para ascender a Primera. Fue uno de los mejores partidos ante un equipazo, que tenía a Adolfino Cañete, el Loco González. Les ganamos también en el Cementerio de Los Elefantes con gol del Gringo Viano.

¿El fútbol te hizo ganar plata?
Si, pero vivía el momento. Me dí todos los gustos con los mejores autos, la mejor pilcha. La carrera del futbolista es corta y si no invertís lo que ganás, fuiste. Cuando ascendimos, con la plata que gané podía comprarme dos departamentos, pero preferí comprarme un auto. Aún así no me arrepiento. También hay muchos mitos. Era mentira que salíamos de joda antes de jugar. Salíamos los domingos. Éramos responsables, aunque a veces nos trataron de borrachos. Nunca nos escapamos de una concentración como llegaron a decir, nos preparábamos bien para jugar. Yo no era amigo del Tanque, ni de Pedro, ni de Popeye. Pero adentro de la cancha éramos unidos, a muerte. Adentro de la cancha hay que ser amigo, afuera cada uno hace la suya.

¿Qué es de la vida del Negro Alegre hoy?
Sigo siendo chofer de colectivos, pero tengo licencia médica. Tengo que intervenirme de la columna porque tengo tres hernias de disco y artrosis en las dos rodillas. Hasta hace cinco meses jugaba al fútbol en Súper Veteranos, pero un día me agarró un dolor que no me podía bajar del colectivo. De acuerdo a cómo salga de mi operación, seguiré trabajando o me jubilaré. Quiero dedicarme más al fútbol. Soy Secretario General de la Filial de Técnicos, queremos poner la escuela de fútbol. Me gustaría dirigir algún día a un equipo de Salta, me siento capacitado. Pero eso sí, ni loco jugaría con un 4-4-2, no concibo eso de jugar sin enganche, eso es muy mezquino. De local o de visitante, jugaría con un 3-4-1-2. Con Rezza jugábamos 4-4-2 pero llegaban todos al área, el doble cinco no solo marcaba, sino que también jugaban y llegaban.

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