La teoría de la manta corta, aplicada muy a menudo en distintos ámbitos de la vida, hoy la están usando en Juventud Antoniana. Sus autoridades, cuya cabeza principal es Pepe Muratore, tienen bien merecido el aplauso de las multitudes por hacer crecer al club en materia de infraestructura, pero también deben escuchar y aprender de sus errores. Porque definitivamente es un error el descuido en las inferiores que se vuelve maltrato para con los profesores, los chicos y, lógicamente, los padres.
Sin juzgar la intención, porque ningún dirigente trabaja para equivocarse y para dañar a su propio club (bueno, algunos sí, pero este no es el caso), el error está a la vista. Muratore lo sabe, lo admitió públicamente durante la presentación de la nueva fachada del club, no le ha prestado la atención necesaria a las divisiones formativas. Lo peor de su gestión, indudablemente. Porque en la cancha el equipo del Anual o los más chicos pueden perder o ganar y no se trata de poner excusas tras el resultado. Se trata de haber tenido las comodidades necesarias para trabajar, la tranquilidad y estabilidad que todo empleado necesita; y poco, casi nada de esto, sucede.
Después, hay quienes critican crónicamente, solo por criticar, tal como lo sugiere el proverbio japonés que utilizó la dirigencia de Juventud para sus opositores. Gesto polémico e innecesario y que no hace más que elevar la confrontación. Pero, en cierto modo, ese proverbio encierra razón. Es de inútiles criticar una obra por reclamar otra o por el solo hecho de hacer oposición permanente. Quejarse del progreso edilicio es vivir en punto muerto y toda obra es un avance. Muratore tomó una decisión porque no pudo hacer dos cosas a la vez, bueno ya es hora de darle más bola a los chicos.

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