Fue tan casual como histórico. Uno iba a un mundial en Japón, el otro recorría los barrios pobres para ayudar y defender los derechos humanos de las clases marginadas, nada menos que en la mayor potencia del planeta y en tiempos muy difíciles.
A un mes de la muerte de Mohamed Alí, el mejor boxeador de todos los tiempos, el salteño Pablo Copa, reconocido peluquero y ferviente seguidor de las artes marciales, que lo llevaron a ser 4º Dan en Karate, recuerda su "cruce de guantes" con Alí en EEUU.
"El encuentro fue en el año 1992. Yo fui de Buenos Aires a Los Ángeles y de allí iba a Japón, a un campeonato mundial de peluquería. Hice la primera escala en el hotel donde también se hospedaba el campeón", recordó.
"Todo comenzó cuando regresaba de minitour. Al llegar al hotel lo veo en la puerta. Instintivamente y empujado por un gran sentimiento, me descolgué del vehículo y corrí a saludarlo y hasta inconsciente de lo que podría ocurrir", destacó en medio de una sonrisa.
"De la emoción que tenía comencé a llorar y le decía: 'Argentino, empanada, Gardel, Maradona, tango', como para que me ubique de dónde era. Por eso en la foto el aparece mirando a la gente que estaba con él, porque primero que no entendía mi presencia, pero tampoco comprendía la osadía de acercarme tan amigablemente y comenzar a lanzar palabras al viento", agregó Copa.
"Ese momento lo agarré de la mano y le dije que era mi ídolo. Conocía mucho de su historia, como boxeador y como hombre de bien, que había marcado un precedente en ese momento, puesto que era un deportista exitoso 'de color' que lo amenazaban con quitarle el título e ir preso, y aún así asumió todos los riesgos de un grande", recordó.
La respuesta del más grande, envuelto en la sorpresa, no se hizo esperar. "Me miró y respondió con un apretón de manos mi saludo. Y cuando le pregunté si había entendido, se sonrió y me dijo que sí y agradecía el fervor respetuoso con que me había acercado a él, según la traducción de sus acompañantes", develó.
Durante unos días la confitería era la cita obligada de un saludo entre los dos, siempre a las 7 de la mañana.
Después, el gran recuerdo de haber cumplido un sueño, como el de muchos que no pudieron haber compartido con el mejor púgil de todos los tiempos y que hace un mes, un 3 de junio, le decía adiós al mundo terrenal tras una larga enfermedad que lo marginó de disfrutar todo el sabor de la vida en sus últimos años.
A Copa, quien tuvo la oportunidad de estar también con el boxeador Oscar De la Hoya en Las Vegas, y ser un fanático de Narváez, Pacquiao, Mayweather o el Chino Benítez, la partida de Mohamed Alí lo golpeó y marcó. "Siempre recuerdo la pelea con Ringo Bonavena. Dos monstruos. Nunca se dieron por vencidos. Hoy es todo negocio", concluyó.

Luchador constante

La calle fue la escuela de Copa desde los 12 años. Vendió diarios, lustró zapatos y enfrentó todos los peligros. A los 19, el karate le abrió la mente y las puertas. Hoy es un reconocido peluquero, fue director de las escuelas de Artes y Oficios municipales y actualmente ocupa similar cargo en el Gobierno provincial. Con su esfuerzo permanente logró que su hijo Juan Manuel llegue a ser cardiólogo y que Facundo Nahuel esté en la recta final de Psiquiatría en Buenos Aires.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial



Comentá esta noticia