Una pelota de rugby ya herrumbrada, que se sostiene sobre una estructura de cemento agrietada, da cuenta del paso del tiempo y el lugar delata su casi abandono por las hojas y tierra acumulada alrededor. Los recuerdos disminuyen, pero los sentimientos de un hijo a su padre fallecido hace ya 24 años siguen intactos. Facundo Carbajal se para a un costado, sobre la vieja cancha de Universitario Rugby, en la UNSa y piensa en su viejo.
Con los ojos perdidos en el césped, viaja a los momentos eternos junto a Miguel Ángel, fallecido en abril de 1992 y quien mañana recibirá un nuevo homenaje cuando se dispute el V torneo con su nombre, el Perico Carbajal, un encuentro organizado por sus amigos Los Viejos Verdes.
A causa de un cáncer, Miguel dejó esta vida a los 46 años cuando Facundo y Marcela -su otra hija- aún eran chicos y su esposa, Marta Lucía Lentini, tuvo que seguir sin él. Sin embargo, Perico dejó una semilla que floreció y se expandió por todo el rugby salteño. Por eso cada vez que llega una nueva reunión para recordarlo, la semana de la institución verde y blanca es muy especial.
Quienes lo conocieron no se cansan de repetir que "fue un ejemplo de persona, dentro de la cancha como afuera, referente de la ovalada salteña con su mirada innovadora".
Amaba a su club y titulaba a la gente de rugbista (o no) de acuerdo a la calidad humana, por más que muchos jamás hayan tocado una pelota.
"Mi viejo era muy fanático del club y fue uno de los creadores. Junto al Negro Sosa y otros muchachos estudiaban en la UNSa. Ahí nació la U. Además, en la Universidad conoció a mi mamá mientras hacía ingeniería química. O sea que mi vida está acá", dice Facundo a El Tribuno, hoy con 31 años.
"Yo nací con la camiseta y además de comenzar de muy chico a jugar, yo lo acompañaba a los entrenamientos, a la cancha. Él era entrenador de los planteles superiores y yo iba a donde les tocaba jugar", dice. Facundo, más conocido como Canastín, integra el plantel superior desde 2004 y le agradece a su mamá. "Me siguió trayendo al club pese a la muerte de mi viejo. Sé que de chico comencé a vivirlo como lo vivía él, entrenaba a los infantiles y seguí su fanatismo por la U", recordó.
Muchos excompañeros y jugadores que fueron dirigidos por Perico recuerdan que "antes de lo deportivo, para él lo más importante era ser buenas personas".
Una anécdota que le contaron a Facundo lo detalla tal cual era. "Me dijeron que estaban por jugar un partido muy importante, como una final. Había tres arbolitos y mi viejo pidió que en uno se formen los que colaboraban con el club y pagaban la cuota, que en otro los que solo pagaban y en el tercero, los que no hacían ni una cosa ni otra. Entonces hizo un mix con los del primer y segundo árbol y pese a que perdieron, él estaba satisfecho", dice el único hijo varón de Perico. Y agrega: "Cuando ya no podía salir, porque debía hacer reposo, venía en la camioneta y encerrado miraba los partidos. Murió en la suya".


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