Las renuncias masivas en Juventud Antoniana desnudan el pobre nivel dirigencial en el fútbol salteño.
La histeria con la que conviven y lo vulnerables que se vuelven los dirigentes actuales, dejándose influenciar, es alarmante. Y, además, es un claro ejemplo de que muchos no entienden de qué se trata todo esto.
Julio Dagún, a este paso, se va consolidando como el eterno opositor antoniano.
Dagún salió a denunciar irregularidades, que incluyen dinero, solo porque no eligieron a su candidato "Pistola" Vázquez como DT, en lugar de Pascutti. Y si se la aceptaban, ¿hacía estas denuncias igual? Independientemente de esto, Muratore y compañía deberían tener mayor control y ser más claros con las cuentas. Al margen de la pelea dirigencial, Muratore y compañía deberían tener mayor control y ser más claros con las cuentas. Esto no se discute.
Dagún lideró una rebelión, además, porque no le consultaron sobre la continuidad de Pascutti. Debería saber don Julio que la manera de discutir estos temas es puertas para adentro y no en los medios; que ya en casi ningún club del mundo decide la mayoría y que para eso se nombró una comisión de fútbol.
Del Carlo y Muratore aceptaron que fracasaron y a partir de allí intentan proyectar el futuro con una base formada. Así se aprende. Precisamente, lo que deberían hacer ignotos e inexpertos dirigentes como Carlos Salas, que justificó su locura culpando a terceros. Porque, encima, parte de esta gente que renunció dijo que volverán al club para seguir colaborando. Entonces, ¿a qué juegan?
Con este tipo de peleas y dirigentes el fútbol salteño seguirá condenado.

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