La pregunta no está dirigida para los hinchas millonarios. Obvio. Sino para el resto. Los fanáticos, especialmente los de Boca, no sonríen ni en lo más mínimo. Pero ver a Ponzio levantar la Copa, o a Funes Mori, es la mejor condena que le puede caber a los imbéciles hinchas como el Panadero Napolitano y todos aquellos que no dejaron salir a los jugadores millonarios de la Bombonera aquella noche. Es la mejor condena para los que ven el fútbol como si fuera la guerra. La mejor en un país donde la justicia llega tarde o ni siquiera llega. Entonces vale celebrarlo. Me dirán que hubo otros millones de hinchas de Boca que nada tuvieron que ver. Pagan justos por pecadores. La vida misma es así.
Y vale celebrar la alegría que el fútbol puede darle a la gente en medio de tantas miserias. No es lo mismo cuando la Selección es la que gana, pero tratándose de River, que cuenta hinchas de a millones, también vale. Con la consagración del millo ganaron los bares, el vendedor de panchos, el que se gana la vida vendiendo banderas, gorras, etc.
El fútbol es uno de los motores en esta sociedad y una parte de ella celebra. Y está perfecto.

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