Quedó en la historia de Central Norte, ¿cómo fueron sus inicios?
De chico, vivía a una cuadra y media de Central Norte, en la Ameghino al 1300. Surgí de las inferiores, hice tres partidos en cuarta y ahí nomás me llevaron a Primera. El Negro Álvarez y el Petiso Alderete me hicieron debutar en Primera, tenía catorce años.

Para los más memoriosos, usted integró la mejor delantera que tuvo Central Norte en su historia...
Esa fue la época que marcó al club. Nosotros le ganábamos a Juventud, pero a Argentinos no podíamos ganarle, era un clásico. Waldo Sández, Juan “Loco” Sueldo, Degüello Gómez, Moyano y yo. Era un espectáculo esa delantera y también tenía su cuota de picardía. En los clásicos contra Gimnasia, Degüello lo jodía al Turco Guerra y lo sacaba del partido.

En su casa y casi como un trofeo, Ávalos tiene un cuadro con Rattín.
Jugamos un amistoso contra Boca, que tenía un equipazo: contra Ángel Clemente Rojas, Marzzolini, el peruano Orlando, el arquero Roma. Grandes figuras a nivel nacional. Rattín lo correteaba para pegarle al Petiso Morales y a mí no me podía pillar en el medio, se la tiraba larga y no me podía agarrar, yo tenía mucha habilidad. Antes de ese partido me saqué esa foto junto a Rattín.

Debutó y se retiró muy joven...
Tenía 14 años cuando debuté en Primera y jugué hasta los 24. Me retiré joven, pero viví diez años increíbles en el club. En Central Norte siempre luché por un trabajo. Un domingo teníamos que jugar contra Argentinos, los dirigentes me habían mentido que iba a trabajar en el ferrocarril. Me salí del vestuario y un señor alto me vino a ver. “Soy el señor Porcel, director de la cárcel, yo le voy a dar trabajo, pero quiero que juegue”, me dijo. Jugué un año más y me retiré.

¿Cómo fue la vida de Pupo Ávalos luego del fútbol?
Me separé de mi primera señora, trabajé en la cárcel, fui plomero. Y en ese último quehacer apareció en mi vida mi actual esposa, Rosa. Ella es de aquí (Orán), por eso me vine a hacer mi vida acá hace 23 años.

¿Con Rosa, hacen pan para vender?
Vendo bollos, para qué voy a mentir, siempre tenés que ir con la verdad y tener respeto. Me da lástima ver a los chicos cómo andan tirados ahora con la bebida. Yo los trato de aconsejar. De mi vida no me quejo, jugué al fútbol en el más grande de Salta y ahora hago pan.

¿Quién le puso el apodo Pupo?
Un vecino de apellido Miranda me lo puso. Él tenía un camión, yo siempre lo iba a ver y andaba con la remera cortita y bueno, me quedó ese apodo.
¿Qué significó Central Norte para usted?
Te imaginás, es un orgullo grande, uno de los clubes más importantes de la provincia. Donde voy, la gente me saluda. Central Norte tendría que seguir reconociendo a los grandes jugadores que marcaron la historia. Jugar en Central no era para cualquiera, hasta a la cancha la tenías que conocer.

¿Qué anécdotas rememora en el equipo de Central?
Una vez jugamos un amistoso contra un selectivo de Güemes. Si bien yo no era de tomar, la noche anterior fuimos a festejar un triunfo y tomamos. Estaba medio mareado, perdíamos 1 a 0 en el primer tiempo y los dirigentes estaban recalientes: después hice cuatro goles en el segundo tiempo. Otra anécdota que recuerdo es de la época de inferiores: yo jugaba en la sexta y nuestro técnico, don Lucero, siempre se dormía... pero por tomar, había que ir a buscarlo para que nos dirija.

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