Ni la aventura del ascenso era una realidad palpable en el momento más armonioso, de mayor prosperidad y de rendimientos más altos en Juventud Antoniana; ni hoy, en el tránsito de mayores dudas, el panorama es tan apocalíptico para el equipo de Alberto Pascutti en el tetradecagonal del Federal A. Ni todo estaba ganado antes de la carrera y los “pollos” no habían nacido en la víspera, ni hoy, tras el duro cachetazo de Talleres, es “el fin del mundo” para el santo tras la derrota inapelable en el Kempes.
Hay dos realidades que por estas horas bosquejan el panorama de Juventud en relación al sueño de la gran masa de hinchas antonianos que anhelan volver a alcanzar la gloria: por un lado, no hace falta ser un iluminado para darse cuenta, viendo el plantel actual, que hay material humano, recursos futbolísticos y elementos necesarios como para ilusionarse aún con una plaza de ascenso; más aún cuando solo son dos puntos los que separan al santo del virtual primer ascendido. Partiendo desde una mirada que pretende ser sensata y equilibrada, los elogios deben ser discretos en las buenas, en la misma medida que las críticas tienen que ser mesuradas y constructivas en las no tan buenas. Ni antes Cárdenas era el Mariscal Perfumo ni hoy un veterano sin nafta para recuperarse en una contra. Ni antes Balvorín era el mejor delantero de la historia ni hoy un cuasi-exjugador por dejar a su equipo con diez hombres tras una súbita reacción del momento y con las pulsaciones al máximo.
Pero, por otro lado, hay una realidad que no puede pasarse por alto: el santo que en la primera ronda demostró ser el mejor con un juego compacto y sólido, hoy tiene rendimientos individuales muy por debajo de lo que pueden ofrecer. Eso quedó en evidencia en Córdoba, pero también en Formosa ante Sol de América, plasmando una sucesión de errores sistemáticos que en una instancia clave no se pueden cometer.
Para Juventud esta nueva derrota debe ser un golpe a su orgullo, a su amor propio, debe ser la bisagra y el cisma necesarios para reaccionar y comenzar de cero. Porque, si bien el sueño sigue intacto, ya no le queda margen para el error.
Para ello será fundamental la autocrítica de sus protagonistas y poner en foco la necesidad de recuperar la solidez conjunta, así como en su momento se puso en el eje a los ar bitrajes y cuestiones externas.

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