Comparar a Antonio D'Antoni con el arbitraje de hoy, más sofisticado, más mediático, es imposible. D'Antoni se anticipó al tiempo y marcó una época en el referato salteño durante dos décadas. No tenía término medio, era un estudioso de las reglas de juego y en la cancha lo aplicaba al pie de la letra, lo que le provocó más de un trastorno y lo que generó muchísimas polémicas.
Inquebrantable en su estilo Pino D'Antoni dirigió más de 30 clásicos salteños y dejó en su peregrinar un sinfín de anécdotas. Como aquella vez que expulsó a Carlos Bula, un delantero que venía nada más y nada menos que de River. Lo expulsó en su primera intervención. Al cabo del partido le preguntaron porque lo había echado y contestó: "porque me gritó que cobrás loco y mierda". Y alguien reflexionó: que inteligente debe ser Bula, porque en menos de 4 minutos se dio cuenta que es un loco. ¿Era un loco o un adelantado?
No, era D'Antoni, todo un personaje del referato, único en su estilo. Su salida de la Liga Salteña fue muy repentina; luego formó parte del Tribunal de Disciplina de la Liga de Vaqueros y ahora, pensionado y próximo a jubilarse, se dedica a disfrutar de su vida.
¿Cómo fue tu salida de la liga?
Denunciar a Galán, a pesar de que algunos dijeron que era algo personal, me costó salir de la liga. Desde el Consejo lo llamaron al que era presidente de la liga y él les dice que yo no pertenecía más a la liga. Entonces pensé si me sacan de la tabla soy consumo interno. Me sacaron y entonces puse en la balanza: consumo interno o retirarme arriba como estaba o agachar la cabeza y quedarme sin hacer nada. Entonces dije no le voy a dar el gusto; me voy.
¿Qué pasó después?
Estuve mal, fueron 27 años los que estuve en el arbitraje, y de un día para el otro tuve que cambiar mi vida, mis hábitos. Fue de la noche a la mañana. Estuve un tiempo en mi casa; pero después Ramón Tornero me hizo el contacto para ir al Tribunal de Penas de la Liga de Vaqueros; allí estuve hasta el 2010.
¿Y desde entonces?
Ahora soy pensionado, estoy en mi casa, arreglo mis cosas, veo documentales, a veces me visitan mis nietos. Soy muy "pega-pega"; salgo de mi casa, me encuentro con uno u otro y me quedo charlando. No hice nada más relacionado con el fútbol ni el arbitraje.
¿Qué satisfacción te dio el arbitraje?
La satisfacción más grande fue dejar algo en la liga. Yo propuse que utilicemos la camiseta naranja, antes nos hacía el sastre y solo usábamos las negras. También diseñé el escudo actual de la liga. Ese gusto nadie me lo va quitar. Si uno pasa y no deja nada, es como si no hubiera pasado.
¿Qué anécdota recordás?
Una vez me mandaron a Mitre, Copa (instructor de árbitros) me ordenó ir una hora antes y de traje. Y hacía como tres años no me designaban para esa cancha porque había hecho un informe fuerte. Ese día fui de saco y corbata y una hora antes del partido; comencé a mirar y vi que los arcos no eran reglamentarios porque uno nunca puede tocar con las manos el travesaño. Entonces suspendí el partido; fui polémico.
¿Alguna vez te pegaron?
Sí, fue en un partido de la primera C de la liga. En aquel entonces quienes eran árbitros podían jugar en esta categoría. Y en un partido entre Cerámica del Norte y Junín, jugado a finales de 1974, un árbitro que estaba jugando en Cerámica me agredió. Siempre digo que un árbitro se recibe cuando "cobra".
¿Sos hincha de Juventud?
No soy hincha de Juventud; simpatizante sí... viví a cuadras del club cómo no simpatizar.
¿Qué pensás del arbitraje actual?
Hoy por hoy yo me aburriría de cobrar penales tras penales, con tantas tiradas de camiseta que hay en las áreas. En la época mía no pasaba. En muchos casos el árbitro va cumplir horarios, no quiere problemas.

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