River llegó al Mundial de Clubes tras consagrarse como el mejor de América, pero sufrió más de la cuenta para dejar en el camino al Sanfrecce Hiroshima, campeón de Japón. Fue 1 a 0 gracias al gol de Lucas Alario, pero gran parte del triunfo de los dirigidos por Gallardo se lo deben a Marcelo Barovero y sus formidables atajadas.
El arquero se mostró sereno pese a la alegría por llegar a la definición del Mundial de Clubes: "Fue un partido incómodo para jugar. Queríamos superar este partido como sea. Los japoneses nunca se desordenaron. Para nosotros es un premio medirse ante los mejores del mundo, o quizá de la historia. No nos vamos a sentir menos ni vamos a ver lo que pasa, trataremos de aprovechar la oportunidad", disparó, avisando que los de Núñez no se achicarán ante Messi y compañía.
Por otra parte, le dedicó un párrafo al aliento de la gente, que se trasladó para estar en suelo nipón: "Fue increíble, esto es único. Es un compromiso enorme. Le queríamos dedicar la victoria y llegar a la final".
Alario, otra de las figuras contra el Sanfrecce, no quiso hacer futurología: "Barcelona tiene que jugar su partido y ganarlo, como lo hicimos nosotros. Toque quien toque nuestro objetivo es el mismo", dijo.
Por su parte D'Onofrio, con su habitual mesura, pero dejando de manifiesto la alegría que le genera estar en la final, apeló al significado que tiene jugar la final: "Estos chicos quieren hacer historia", dijo.
En la definición se estima que enfrentarán al Barcelona (en semis chocará con Guangzhou Evergrande de China). Si bien los españoles son los claros favoritos, D'Onofrio confía en los dirigidos por Gallardo. El partido decisivo será el próximo domingo, a las 7.30, en el estadio Internacional de Yokohama.

El Monumental se trasladó a Japón
La fiesta, que empezó un día atrás con el banderazo de los hinchas de River, se prolongó al Nagai Stadium, en el debut en el Mundial de Clubes. Los hinchas millonarios mudaron el Monumental a Japón: de 20.133 espectadores que hubo en el estadio, al menos 15.000 eran de River.
Desde temprano la ciudad se tiñó de rojo y blanco. Dentro del estadio, hubo hinchas en los cuatro sectores de la cancha. Los japoneses de Sanfrecce Hiroshima estuvieron en una cabecera. Los hits que siempre se entonan en Núñez retumbaban en Osaka. La hinchada explotó cuando los jugadores salieron a hacer los movimientos previos. Pero ese calor inicial se fue apagando con el correr de los minutos. El equipo sufría y los hinchas lo sentían en una noche muy fría en Osaka. En el ST, el pedido fue unánime: "River, ponga huevo", "Esta noche tenemos que ganar". Alario convirtió el gol a los 27' del ST y les devolvió el alma. Cuando terminó el partido el deseo fue uno solo: "El domingo cueste lo que cueste tenemos que ganar". Barcelona todavía no es el rival, pero todos ya piensan en Messi, Neymar y compañía.
Los hinchas, admirados
La pasión y el color que los más de 15.000 hinchas de River Plate desplegaron durante el partido ante Sanfrecce Hiroshima generó la admiración de todos los amantes del fútbol.
Precisamente Moriyasu, director técnico de Sanfrecce, destacó esta cualidad de la hinchada: "Nuestros jugadores fueron abrumados por tantos fans. Espero que Japón pueda aprender más sobre la cultura de estos fanáticos".

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