La historia se repite una y mil veces. Y todo sigue igual. Nadie parece encontrar la punta del ovillo y darle una solución al tema. No se toman medidas ejemplares para que los hechos de violencia no se repitan en las canchas del fútbol salteño, que opacan el espectáculo y tanto daño le hacen a los clubes, que terminan siendo los principales perjudicados.
El domingo en la cancha de Gimnasia y Tiro otra vez se vivieron momentos de tensión con peleas entre su propia hinchada y que, de repetirse en un partido oficial, podría traer diferentes sanciones para el albo.
Pero aquí está el problema. Y nadie se anima a hacerle frente. Desde los clubes, ¿cómo se pueden arriesgar a aplicar un derecho de admisión si hace algunos meses balearon la casa de Savino supuestamente por falta de entradas subsidiadas? ¿Qué garantías tienen, entonces, para poder actuar y combatir la violencia? Y desde el Ministerio de Seguridad hay intención de limitarse a no tener más relaciones con barrabravas, pero a su vez las propuestas en el marco de prevenir actos de violencia no son concretas y, por lo menos hasta ahora, no apuntan a erradicarla por completo.
Y lo que más bronca da es que los conflictivos están identificados, pero aún así siguen entrando a la cancha "como Pancho por su casa", igual que la señora, igual que las familias. Y el gran interrogante es ¿hasta cuándo? En octubre, cuando le balearon la casa de Savino, hubo tal alboroto que se pensaba que algún avance iba a haber, algo iba a cambiar o alguien iba a caer. Pero no pasó nada. Y aquí no habrá un salvador. Hace falta el compromiso de todos los sectores, si es que se despojan de sus intereses y actúan sin temores.

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