La continuidad de Ricky Gómez y la de Gustavo Balvorín generarán polémica ahora que la efervescencia de la Navidad se acabó. ¿Hace bien la dirigencia en retenerlos? Vamos por parte.
Ricky tuvo un flojo campeonato, su desempeño fue decayendo con el correr de las fechas. En consecuencia, es una apuesta riesgosa la que harán Pepe Muratore y compañía. Una decisión equivocada de antemano. Tal vez Gómez pueda recuperar algo del nivel exhibido en su paso por la Primera División.
El caso de Gustavo Balvorín es para analizar profundamente. Hay quienes acusan al goleador de no haber entregado todo en partidos clave como contra Talleres de Córdoba, en el que se hizo expulsar por una supuesta agresión a Ivo Chaves. Pero la dirigencia hizo oído sordo a esto y tiene decidido retenerlo ante la cantidad de goles que aportó; con 18 tantos quedó en el tope de artilleros del certamen.
De todos modos, tanto uno como otro deberán ratificar y devolver la confianza dirigencial y la paciencia de los hinchas. Esta apuesta por los dos, es grande y riesgosa. Ambos deben apuntalar a una base de equipo frustrado. Son ellos los que deben ser ejemplo dentro y fuera de la cancha.
La continuidad que no se discute es la del Ratón Ibáñez. Toda la razón asiste a los dirigentes. El Ratón cumplió en la cancha; fue el más regular del equipo y es uno de los pocos que el hincha reconoce y acepta tras el fracaso deportivo.
Con estos tres, además, Juventud al menos se asegurará más experiencia y cumplirá con la norma: mantener una base y refrescarse (en este caso, con mayoría de jugadores de la zona). Raro es el equipo que logra cosas importantes sin una base y tampoco es aconsejable correr 15 jugadores y traer otros 15.


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